
Anaïs Nin (Neuilly, Francia, 21 de febrero de 1903 - Los Ángeles, 14 de enero de 1977). Escritora francesa, nacida de padre cubano de origen catalán y madre también cubana hija de un diplomático danés, Anaïs pasó mucha de su temprana infancia con sus familiares cubanos. Más tarde naturalizada como ciudadana norteamericana, vivió y trabajó en París, Nueva York y Los Ángeles. Autora de novelas avant-garde en el estilo surrealista francés, es mejor conocida por sus escritos sobre su vida y su tiempo recopilados en los Diarios de Anaïs Nin, volúmenes del 1 al 7.
Nin comenzó a escribir su diario a comienzos del siglo XX, a la edad de once años. Continuó escribiendo en sus diarios por varias décadas, y a lo largo de la vida conoció y se relacionó con mucha gente interesante e influyente del mundo artístico y literario, así como del mundo de la psicología, incluyendo a Henry Miller, Antonin Artaud, Edmund Wilson, Gore Vidal, James Agee, y Lawrence Durrell.
Trabajé haciendo encuestas en la ciudad de Santa fe, aprovechando la libertad de no tener quien me controle entraba a librerías por azar, un mediodía descubrí en la mesa de saldos un libro titulado Incesto.
Anaís Nin dice, piensa y razona como si la que esta escribiendo esas líneas en su diario soy yo, es decir, soy ella pero en pichona, sabiendo que ella es inalcanzable por el solo hecho que yo no soy ella y me falta mucho para estar a esas alturas de conocimiento de mi misma, a ella la predomina un exquisito pensamiento, una pluma ágil e inteligente, una vida generosa con el arte y la libertad, por eso mismo amoral, rabiosa, luchando siempre por el respeto hacia la mujer, no la primitiva sino la que apoya. Ella me enseño a valorar la voz propia, la búsqueda incesante de que es lo que quiero, exigir, amar, mentir, ser hembra, kamikaze, sumisa frente al hombre amado siempre y cuando se lo respete, si no hay respeto no hay nada, ni sexo.
Henry Miller escribió en el diario de Anaís, sentado en la elegante habitación, con el diario sobre el escritorio de ella cuando el marido esta ausente, usando la bata de este, seguramente con su miembro todavía húmedo de fluidos de la extraordinaria mujer que yace en la cama.
“Aquí en Louveciennes todo se “categoriza”, “rotula”, “archiva”, “encuaderna”. He aquí el alma de un “Yo” histórico romántico, consciente de su gran destino, que atrae a los espíritus afines, si, e incluso a sus futuros cronistas y biógrafos, como si su voluminoso diario no fuera suficiente”.
“Aquí se te permite el lujo de contemplarte a ti mismo mientras un millar de ojos te contemplan, te estudian, te registran. Aquí el ojo mira al ojo que mira al ojo…ad limitum, ad infinitum. Aquí se enredan, se desenredan, se anudan, se sueltan todos los grandes procesos cosmológicos: un caos que se ha de ordenar nuevamente a la mañana siguiente.
_ ¿Dormiste bien anoche?
_ No, me perturbo la naturaleza prelunar de mis sueños.
_ ¿Que dijiste que dice Rank sobre la practica del tatuaje?”
“Pues bien, Louveciennes asoma sobre mi horizonte mental como un laboratorio del alma.”
Es contradictorio, yo que tengo hambre de este tipo de vida, tuve la suerte de conocer dos hombres que fueron parejas en el pasado con los que puedo decir que viví ese laboratorio del alma solo que todo es para bien y para mal y algunas veces lo negativo destruye lo bueno de las relaciones.
Aquí va un fragmento de Anaís sobre el rol de la mujer frente al talento de un hombre.
“Rebelión de la mujer artista, a quien, por comprender el trabajo de los hombres y ser menos absorbente que nadie, no se la trata como mujer. La mujer primitiva, que absorbe toda la vida del hombre y detesta su trabajo, consigue todo lo que quiere. A mi me aman los egocéntricos porque me ajusto a los esquema de sus creaciones. Y estoy cansada del amor egocéntrico. Cansada. Mortalmente cansada. No pido que el hombre abandone el trabajo por mí. Entro en el trabajo, lo alimento, lo apoyo, pero cuando menos pido, más se me trata como colaboradora. Estoy harta de eso. He cumplido ese papel de maravillas. Soy la mujer a la que acuden los hombres cuando se cansan de la mujer primitiva. Pero esa mujer primitiva que rabia, brama y exalta sus derechos, que destruye y desdeña la obra, esa mujer siempre consigue la mejor parte de la vida de los hombres. Ellos vienen a mí cuando quieren crear, cuando anhelan un poco de paz y comprensión, y estoy cansada de ese bello papel. Me halagan y elogian porque no soy encombrante, porque me ajusto a su esquema. Y matan a la mujer que hay en mi.”
En esta etapa de mi vida soy una mujer primitiva, no lo busque ni me interesa vivir en este estado mucho tiempo mas, prefiero amar, respetar y aprender del hombre amado, ser su esclava a costa de que su sabiduría me llegue por los poros, mas rápido y así llegar a sabia cuando todavía soy joven.
Leer a Anais Nin es volverse sabia de una misma en menos tiempo y así aprovechar nuestro género, nuestro sexo y nuestra cabeza para ser mejores mujeres, para ser plenas.
Insensatas, hembras, gritonas silenciosas, guerreras, putas, talentosas, incoherentes e inteligentes.
Feliz cumpleaños.
Anaís Nin dice, piensa y razona como si la que esta escribiendo esas líneas en su diario soy yo, es decir, soy ella pero en pichona, sabiendo que ella es inalcanzable por el solo hecho que yo no soy ella y me falta mucho para estar a esas alturas de conocimiento de mi misma, a ella la predomina un exquisito pensamiento, una pluma ágil e inteligente, una vida generosa con el arte y la libertad, por eso mismo amoral, rabiosa, luchando siempre por el respeto hacia la mujer, no la primitiva sino la que apoya. Ella me enseño a valorar la voz propia, la búsqueda incesante de que es lo que quiero, exigir, amar, mentir, ser hembra, kamikaze, sumisa frente al hombre amado siempre y cuando se lo respete, si no hay respeto no hay nada, ni sexo.
Henry Miller escribió en el diario de Anaís, sentado en la elegante habitación, con el diario sobre el escritorio de ella cuando el marido esta ausente, usando la bata de este, seguramente con su miembro todavía húmedo de fluidos de la extraordinaria mujer que yace en la cama.
“Aquí en Louveciennes todo se “categoriza”, “rotula”, “archiva”, “encuaderna”. He aquí el alma de un “Yo” histórico romántico, consciente de su gran destino, que atrae a los espíritus afines, si, e incluso a sus futuros cronistas y biógrafos, como si su voluminoso diario no fuera suficiente”.
“Aquí se te permite el lujo de contemplarte a ti mismo mientras un millar de ojos te contemplan, te estudian, te registran. Aquí el ojo mira al ojo que mira al ojo…ad limitum, ad infinitum. Aquí se enredan, se desenredan, se anudan, se sueltan todos los grandes procesos cosmológicos: un caos que se ha de ordenar nuevamente a la mañana siguiente.
_ ¿Dormiste bien anoche?
_ No, me perturbo la naturaleza prelunar de mis sueños.
_ ¿Que dijiste que dice Rank sobre la practica del tatuaje?”
“Pues bien, Louveciennes asoma sobre mi horizonte mental como un laboratorio del alma.”
Es contradictorio, yo que tengo hambre de este tipo de vida, tuve la suerte de conocer dos hombres que fueron parejas en el pasado con los que puedo decir que viví ese laboratorio del alma solo que todo es para bien y para mal y algunas veces lo negativo destruye lo bueno de las relaciones.
Aquí va un fragmento de Anaís sobre el rol de la mujer frente al talento de un hombre.
“Rebelión de la mujer artista, a quien, por comprender el trabajo de los hombres y ser menos absorbente que nadie, no se la trata como mujer. La mujer primitiva, que absorbe toda la vida del hombre y detesta su trabajo, consigue todo lo que quiere. A mi me aman los egocéntricos porque me ajusto a los esquema de sus creaciones. Y estoy cansada del amor egocéntrico. Cansada. Mortalmente cansada. No pido que el hombre abandone el trabajo por mí. Entro en el trabajo, lo alimento, lo apoyo, pero cuando menos pido, más se me trata como colaboradora. Estoy harta de eso. He cumplido ese papel de maravillas. Soy la mujer a la que acuden los hombres cuando se cansan de la mujer primitiva. Pero esa mujer primitiva que rabia, brama y exalta sus derechos, que destruye y desdeña la obra, esa mujer siempre consigue la mejor parte de la vida de los hombres. Ellos vienen a mí cuando quieren crear, cuando anhelan un poco de paz y comprensión, y estoy cansada de ese bello papel. Me halagan y elogian porque no soy encombrante, porque me ajusto a su esquema. Y matan a la mujer que hay en mi.”
En esta etapa de mi vida soy una mujer primitiva, no lo busque ni me interesa vivir en este estado mucho tiempo mas, prefiero amar, respetar y aprender del hombre amado, ser su esclava a costa de que su sabiduría me llegue por los poros, mas rápido y así llegar a sabia cuando todavía soy joven.
Leer a Anais Nin es volverse sabia de una misma en menos tiempo y así aprovechar nuestro género, nuestro sexo y nuestra cabeza para ser mejores mujeres, para ser plenas.
Insensatas, hembras, gritonas silenciosas, guerreras, putas, talentosas, incoherentes e inteligentes.
Feliz cumpleaños.
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