Quiero un buen libro que no tenga un final feliz. Quiero conversaciones con amigos por quienes siento respeto. Quiero cosas para mis hijos. Quiero que el mundo no sea tan amenazador para ellos como lo ha sido para mí.
Cada vez quiero cada vez menos.
Quiero un hombre que sea feliz siendo como es y que sea más feliz aún con una mujer como yo. Querer es desear y también carecer.
Deseo, amargamente y sin tregua, volver a ser jóven. Deseo que me amen. Deseo no morir. También deseo morirme mientras duermo, de repente.
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Hola Bruna, aunque no te conozco noto en tu publicación un sentimiento de deseperanza... tengo este pequeño texto (sinceramente no recuerdo de donde lo copié) que nos puede ayudar a ver la vida desde otro punto de vista, al menos conmigo funciona cuando las cosas se me ponen de color oscuro:
ResponderEliminar"Breve Anagrama del Hombre"(de Marco Soberano)
Uno es el que se desespera, encerrado en su isla que está tan aparte, con sus cocos y palmeras y detalles bonitos que la hacen tan bella y tan propia, con ese escaparate eslabonado de libertad por libertad que uno respira en su trozo de tierra abandonada. Uno se esconde en la isla, no porque pueda o sepa, sino porque se esta solo y abandonado en la isla y la isla lo sabe y comprende que estas solo, y con su ayuda te logras mantener a flote entre tanta agua que nos rodea y que devora todo alrededor: Ese es el mar, y el mar detiene tu vista y tu vista no ve más allá, y tus ojos quisieran ser piedritas para aventarse al agua y por fin entender que sólo es el mar, nada hay detrás, pero no podemos, no tenemos la certeza, y dentro de esa incertidumbre nos perdemos, justificamos el universo, le inventamos formas y colores, dotamos a imágenes de funciones y significados y vivimos dentro de nuestra isla sin saber, diciendo simplemente basta, asumiendo, adaptando, sobreviviendo, creyendo que existe un mar infinito que nos rodea y nada más.
Sin embargo, esto no evita, que de cuando en cuando uno de los tantos que vivimos dentro de las islas cercadas, nos acerquemos a las orillas con un afán quizá romántico, acusado de perdida de tiempo y de detalle inservible, y poniendo un mensajito dentro de una botella, lo arrojemos al mar, en espera, como siempre, de que algo suceda.
"(...)Quiero conversaciones con amigos por quienes siento respeto"... voy a agendar esta frase. las palabras de Barnes amoldadas a nuestras vidas.
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