
miércoles, 23 de septiembre de 2009
martes, 22 de septiembre de 2009
vuelvan yaaaaaaaaaaa
Ha trascendido que los guionistas de Lost exigieron a los productores que firmaran contrato con Adewale Akinnuoye-Agbaje (Mr. Eko), que volvería, por lo tanto, en la próxima (y última) temporada.Otros contratos firmados son los de:
Cynthia Watros (Libby)
Clancy Brown (Kelvin Inmann)
Daniel Roebuck (Professor Arzt)
Andrew Divoff (Mikhail Bakunin)
Mira Furlan (Danielle Rousseau)
Brett Cullen (Goodwin)
M.C. Gainey (Tom)
William Mapother (Ethan)
Maggie Grace (Shannon)
Dominic Monagham (Charlie)
Ian Sommerhalder (Boone)
Harold Perrineau (Michael)
Michelle Rodriguez (Ana Lucia)
Rebecca Mader (Charlotte)
Elizabeth Mitchell (Juliet).
Cynthia Watros (Libby)
Clancy Brown (Kelvin Inmann)
Daniel Roebuck (Professor Arzt)
Andrew Divoff (Mikhail Bakunin)
Mira Furlan (Danielle Rousseau)
Brett Cullen (Goodwin)
M.C. Gainey (Tom)
William Mapother (Ethan)
Maggie Grace (Shannon)
Dominic Monagham (Charlie)
Ian Sommerhalder (Boone)
Harold Perrineau (Michael)
Michelle Rodriguez (Ana Lucia)
Rebecca Mader (Charlotte)
Elizabeth Mitchell (Juliet).
sábado, 19 de septiembre de 2009
miércoles, 16 de septiembre de 2009
Chema Madoz
Esta mañana vi en TVE el documental de un fotógrafo madrileño que no tiene desperdicio. Observen, después me cuentan...
jueves, 10 de septiembre de 2009
La educación sentimental del siglo XXI

Un día, el crítico de cine David Gilmour notó que la abulia, las malas notas y el desconcierto amenazaban con desmoronar la vida educativa de su hijo. Entonces le propuso abandonar el colegio a cambio de sentarse a ver con él tres películas por semana. Cineclub (Mondadori) recoge de manera emocionante los meses de esa experiencia de cambiar pizarrón por pantalla para devolverle a su hijo el sentido de la vida.
Por Rodrigo Fresán
La película empieza así y atención, es una de esas películas tipo basada en hechos reales: es el año 2001 y un padre descubre que su hijo de dieciséis no la pasa bien en el colegio secundario. Su inteligencia es alta pero sus notas son cada vez más bajas. El padre el escritor y crítico de cine canadiense David Gilmour se preocupa: el hijo, Jesse Gilmour, no hace otra cosa que fumar, contemplar las nubes en el tormentoso cielo del techo de su habitación y parece encaminarse a una vida de zombi problemático. Es entonces cuando David Gilmour le propone un trato: el hijo dejará el colegio si eso le hace feliz (Jesse no puede creer lo que está oyendo) y su nueva “educación” (donde no se le exigirá trabajar pero sí mantenerse alejado de todo tipo de drogas) pasará por ver, junto a su progenitor, tres films a la semana. Y discutirlos. Y aprender de ellos.
Así, la película es un libro que sería una gran película y cuyo tema son las películas y el modo en que en la oscuridad de un cine o en la penumbra de una sala acaban iluminando nuestras vidas. Cineclub es una comedia graciosa, inteligente, emocionante que, desde una tan solo aparente humildad y falta de pretensiones, acaba contando con modales de Súper-8 el glorioso CinemaScope en Technicolor de una gran relación. Allí, en la pantalla de las páginas, somos testigos de una íntima love story paterno-filial sobre la que se proyectan como si se tratara de lecciones teóricas para ilustrar la práctica y el “rodaje” de las vidas de los Gilmour clásicos sublimes y especímenes malditos y de culto. Todo sirve, todo funciona, todo arte y ensayo y error ilustra algún aspecto de lo doméstico y de lo universal: Apocalypse Now!, Showgirls, Citizen Kane, Nikita, El padrino, Rocky III, ¡Qué bello es vivir!, Bullit, Annie Hall, La zona muerta, Ultimo tango en París... Y allí, sin alfombra roja y despatarrados en un sofá, un padre sin trabajo y un hijo sin horizonte intentando encontrarle sentido a unas vidas demasiado indies mientras se preguntan cuánto faltará para que llegue un magnate de Hollywood y los invite a protagonizar algo así como una triunfal súper-producción desbordante de efectos especiales –afecto especial es lo que les sobra– y presupuesto multimillonario.
Pero Cineclub no se conforma con “filmar” pequeñas home movies dentro de una casa de Toronto compaginándolas con inolvidables escenas de obras maestras del celuloide. Aquí hay también sitio para exteriores muy neorrealistas y nouvelle vague donde se nos cuentan los blues laborales de Gilmour Sr. y las penurias sentimentales de Gilmour Jr. en manos y garras de las chicas fatales Rebecca y Chloe. Y, sí, se rompen varias promesas por el camino y nadie dijo que iba a ser fácil: el hijo coquetea con la cocaína, el padre comienza a dudar de toda su estrategia. Y está claro que no es el único: varios “espectadores” de Cineclub se fueron en mitad de la función acusando al “director” y a su “joven estrella” de narcisistas, irresponsables y caprichosos. En este sentido, Cineclub fascinará a vanguardistas y escandalizará a conservadores seguros de que a la hora de superar inmaduros tics interpretativos los adolescentes necesitan más la mano firme de un productor tradicional que terapéuticos y alternativos director’s cut como el que aquí se estrena.
Una cosa está clara y David Gilmour es el primero en admitirlo: tal vez su libreto sea muy arriesgado y experimental, pero también está seguro de que sus intenciones son excelentes. En este sentido, Cineclub, más allá de la originalidad del envoltorio y aires del mejor Nick Hornby, el de Alta fidelidad, cuenta una historia tan vieja como el mundo: la de un padre luchando por la salvación de su hijo. Y en aquella escena de On the Waterfront en la que Marlon Brando se pone un guante de chica o en aquella otra de Por un puñado de dólares en la que Clint Eastwood le muestra cuatro dedos al fabricante de ataúdes, puede estar la clave de esa redención.
Y no está de más apuntarlo aquí, después de todo nada de esto se nos cuenta en el libro, como si fueran esos créditos finales e informativos luego del THE END: David Gilmour escribió una novela que ganó el premio literario más importante de Canadá, y Jesse Gilmour, motivado, regresó a las aulas, terminó su educación secundaria, no le disgustó el modo en que lo “dirigió” su padre en Cineclub, estudió cine en la Universidad de Toronto y escribió un guión que le ha abierto las puertas de una escuela de cine de Praga. Y es feliz. No está mal para alguien que empieza bostezando frente a Los cuatrocientos golpes y termina, orgulloso, seguro de que Sven Nykvist es el nombre del director de fotografía favorito de Ingmar Bergman.
En un mundo mejor que el nuestro, Cineclub ganaría el Oscar a Mejor Libro Inspirado en Muchas Películas.
Página 12 17 de mayo de 2009
Por Rodrigo Fresán
La película empieza así y atención, es una de esas películas tipo basada en hechos reales: es el año 2001 y un padre descubre que su hijo de dieciséis no la pasa bien en el colegio secundario. Su inteligencia es alta pero sus notas son cada vez más bajas. El padre el escritor y crítico de cine canadiense David Gilmour se preocupa: el hijo, Jesse Gilmour, no hace otra cosa que fumar, contemplar las nubes en el tormentoso cielo del techo de su habitación y parece encaminarse a una vida de zombi problemático. Es entonces cuando David Gilmour le propone un trato: el hijo dejará el colegio si eso le hace feliz (Jesse no puede creer lo que está oyendo) y su nueva “educación” (donde no se le exigirá trabajar pero sí mantenerse alejado de todo tipo de drogas) pasará por ver, junto a su progenitor, tres films a la semana. Y discutirlos. Y aprender de ellos.
Así, la película es un libro que sería una gran película y cuyo tema son las películas y el modo en que en la oscuridad de un cine o en la penumbra de una sala acaban iluminando nuestras vidas. Cineclub es una comedia graciosa, inteligente, emocionante que, desde una tan solo aparente humildad y falta de pretensiones, acaba contando con modales de Súper-8 el glorioso CinemaScope en Technicolor de una gran relación. Allí, en la pantalla de las páginas, somos testigos de una íntima love story paterno-filial sobre la que se proyectan como si se tratara de lecciones teóricas para ilustrar la práctica y el “rodaje” de las vidas de los Gilmour clásicos sublimes y especímenes malditos y de culto. Todo sirve, todo funciona, todo arte y ensayo y error ilustra algún aspecto de lo doméstico y de lo universal: Apocalypse Now!, Showgirls, Citizen Kane, Nikita, El padrino, Rocky III, ¡Qué bello es vivir!, Bullit, Annie Hall, La zona muerta, Ultimo tango en París... Y allí, sin alfombra roja y despatarrados en un sofá, un padre sin trabajo y un hijo sin horizonte intentando encontrarle sentido a unas vidas demasiado indies mientras se preguntan cuánto faltará para que llegue un magnate de Hollywood y los invite a protagonizar algo así como una triunfal súper-producción desbordante de efectos especiales –afecto especial es lo que les sobra– y presupuesto multimillonario.
Pero Cineclub no se conforma con “filmar” pequeñas home movies dentro de una casa de Toronto compaginándolas con inolvidables escenas de obras maestras del celuloide. Aquí hay también sitio para exteriores muy neorrealistas y nouvelle vague donde se nos cuentan los blues laborales de Gilmour Sr. y las penurias sentimentales de Gilmour Jr. en manos y garras de las chicas fatales Rebecca y Chloe. Y, sí, se rompen varias promesas por el camino y nadie dijo que iba a ser fácil: el hijo coquetea con la cocaína, el padre comienza a dudar de toda su estrategia. Y está claro que no es el único: varios “espectadores” de Cineclub se fueron en mitad de la función acusando al “director” y a su “joven estrella” de narcisistas, irresponsables y caprichosos. En este sentido, Cineclub fascinará a vanguardistas y escandalizará a conservadores seguros de que a la hora de superar inmaduros tics interpretativos los adolescentes necesitan más la mano firme de un productor tradicional que terapéuticos y alternativos director’s cut como el que aquí se estrena.
Una cosa está clara y David Gilmour es el primero en admitirlo: tal vez su libreto sea muy arriesgado y experimental, pero también está seguro de que sus intenciones son excelentes. En este sentido, Cineclub, más allá de la originalidad del envoltorio y aires del mejor Nick Hornby, el de Alta fidelidad, cuenta una historia tan vieja como el mundo: la de un padre luchando por la salvación de su hijo. Y en aquella escena de On the Waterfront en la que Marlon Brando se pone un guante de chica o en aquella otra de Por un puñado de dólares en la que Clint Eastwood le muestra cuatro dedos al fabricante de ataúdes, puede estar la clave de esa redención.
Y no está de más apuntarlo aquí, después de todo nada de esto se nos cuenta en el libro, como si fueran esos créditos finales e informativos luego del THE END: David Gilmour escribió una novela que ganó el premio literario más importante de Canadá, y Jesse Gilmour, motivado, regresó a las aulas, terminó su educación secundaria, no le disgustó el modo en que lo “dirigió” su padre en Cineclub, estudió cine en la Universidad de Toronto y escribió un guión que le ha abierto las puertas de una escuela de cine de Praga. Y es feliz. No está mal para alguien que empieza bostezando frente a Los cuatrocientos golpes y termina, orgulloso, seguro de que Sven Nykvist es el nombre del director de fotografía favorito de Ingmar Bergman.
En un mundo mejor que el nuestro, Cineclub ganaría el Oscar a Mejor Libro Inspirado en Muchas Películas.
Página 12 17 de mayo de 2009
jueves, 3 de septiembre de 2009
Poema al maestro

"Educar es lo mismo
que poner un motor a una barca,
hay que medir, pesar, equilibrar
y poner todo en marcha
Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino,un poco de pirata,
y un poco de poeta
y un kilo y medio de paciencia concentrada.
Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja
que esa barca ese niño
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia pueblos distantes, hacia islas lejanas
Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca
un barco nuevo seguirá
nuestra bandera enarbolada"
GABRIEL CELAYA
lunes, 31 de agosto de 2009
Las Leyes de Murphy
Las Leyes de Murphy
1. "Cuando necesites abrir una puerta con la única mano libre, la llave estará en el bolsillo opuesto". (Ley de Fant)
2. "Las únicas veces que la puerta se cierra sola son cuando te has dejado las llaves dentro". (Ley de la fuerza del destino)
3."Cuando tengas las manos embadurnadas de grasa, te comenzará a picar la nariz". (Ley de mecánica de Lorenz).
4. "Da igual por donde abras la caja de un medicamento. Siempre te molestará el prospecto". (Principio de Aspirino).
5. "Todo cuchillo desafilado, tendrá el filo suficiente para cortarte un dedo". (1ª regla doméstica de Fausner)
6. "El seguro lo cubre todo. Menos lo que sucede". (Ley de Seguros de Miller)
7. "Cuando las cosas parecen ir mejor, has pasado algo por alto". (Segundo Corolario de Chisholm).
8. "Siempre que las cosas parecen fáciles es porque no atendemos todas las instrucciones". (Donald Westlake).
9. "Si mantienes la calma cuando todos pierden la cabeza, sin duda es que no has captado el problema". (Principio de Emergencio).
10. "Los Problemas ni se crean, ni se destruyen, sólo se transforman". (Ley de la persistencia de los problemas).
11. "No importa lo que salga mal, siempre hay alguien que ya lo sabía..." ( Ley de Evans y Bjorn).
12. "Llegarás al teléfono justo a tiempo para oír como cuelgan". (Segundo Principio de Bell)
13. "El teléfono sonará cuando estés fuera buscando afanosamente las llaves de la puerta". (Primer principio de Bell)
14. "Siempre que te vayas a conectar a Internet, se producirá la llamada que llevabas esperando durante todo el día". (Principio de Dialer).
15. "Si durante todo el día has esperado recibir una llamada, ésta sonará cuando estés en la ducha". (Primer principio de invocación).
16. "Si solo hay dos programas que valgan la pena ver, serán a la misma hora". (Ley televisiva de Jones)
17. "Robar las ideas de una persona es plagio; robar las de muchas es investigación". (Ley de Felson)
18. "Cualquier entidad productora es la última en utilizar su propio producto". (Ley de Meissiner).
19. "El precio total a pagar siempre es superior al del presupuesto: exactamente 3,14 veces lo presupuestado. De ahí la importancia del número PI". (Ley de Pi).
20. "El que ronca es el que se duerme primero". (Regla de compañeros de cama)
21. "Los que viven mas cerca llegan los últimos". (Ley de la llegada).
22. "Si intentas ponerte el pijama sin dar la luz para no despertarte del todo, las posibilidades de no ponértelo de delante atrás son prácticamente cero". (Ley de Gusiluz).
23. "La probabilidad de que te manches comiendo es directamente proporcional a la necesidad que tengas de estar limpio". (Ley gastronómica de Soup)
24. "La velocidad del viento aumenta proporcionalmente al precio del peinado". (Ley meteorológica de Reynold también conocida como Ley de Llongueras)
25. "Las posibilidades de descansar un fin de semana son inversamente proporcionales al cansancio acumulado los últimos cinco días". (Ley del descanso reprimido).
26. "Da igual lo terrible o rara que haya sido tu enfermedad, siempre habrá alguien que haya sufrido una peor y más rara". (Principio del hipocondriaco absoluto)
27. "Cuando tras años de haber guardado una cosa sin usarla, decides tirarla, no pasará más de una semana cuando la necesites" (Ley de la necesidad de más espacio).
1. "Cuando necesites abrir una puerta con la única mano libre, la llave estará en el bolsillo opuesto". (Ley de Fant)
2. "Las únicas veces que la puerta se cierra sola son cuando te has dejado las llaves dentro". (Ley de la fuerza del destino)
3."Cuando tengas las manos embadurnadas de grasa, te comenzará a picar la nariz". (Ley de mecánica de Lorenz).
4. "Da igual por donde abras la caja de un medicamento. Siempre te molestará el prospecto". (Principio de Aspirino).
5. "Todo cuchillo desafilado, tendrá el filo suficiente para cortarte un dedo". (1ª regla doméstica de Fausner)
6. "El seguro lo cubre todo. Menos lo que sucede". (Ley de Seguros de Miller)
7. "Cuando las cosas parecen ir mejor, has pasado algo por alto". (Segundo Corolario de Chisholm).
8. "Siempre que las cosas parecen fáciles es porque no atendemos todas las instrucciones". (Donald Westlake).
9. "Si mantienes la calma cuando todos pierden la cabeza, sin duda es que no has captado el problema". (Principio de Emergencio).
10. "Los Problemas ni se crean, ni se destruyen, sólo se transforman". (Ley de la persistencia de los problemas).
11. "No importa lo que salga mal, siempre hay alguien que ya lo sabía..." ( Ley de Evans y Bjorn).
12. "Llegarás al teléfono justo a tiempo para oír como cuelgan". (Segundo Principio de Bell)
13. "El teléfono sonará cuando estés fuera buscando afanosamente las llaves de la puerta". (Primer principio de Bell)
14. "Siempre que te vayas a conectar a Internet, se producirá la llamada que llevabas esperando durante todo el día". (Principio de Dialer).
15. "Si durante todo el día has esperado recibir una llamada, ésta sonará cuando estés en la ducha". (Primer principio de invocación).
16. "Si solo hay dos programas que valgan la pena ver, serán a la misma hora". (Ley televisiva de Jones)
17. "Robar las ideas de una persona es plagio; robar las de muchas es investigación". (Ley de Felson)
18. "Cualquier entidad productora es la última en utilizar su propio producto". (Ley de Meissiner).
19. "El precio total a pagar siempre es superior al del presupuesto: exactamente 3,14 veces lo presupuestado. De ahí la importancia del número PI". (Ley de Pi).
20. "El que ronca es el que se duerme primero". (Regla de compañeros de cama)
21. "Los que viven mas cerca llegan los últimos". (Ley de la llegada).
22. "Si intentas ponerte el pijama sin dar la luz para no despertarte del todo, las posibilidades de no ponértelo de delante atrás son prácticamente cero". (Ley de Gusiluz).
23. "La probabilidad de que te manches comiendo es directamente proporcional a la necesidad que tengas de estar limpio". (Ley gastronómica de Soup)
24. "La velocidad del viento aumenta proporcionalmente al precio del peinado". (Ley meteorológica de Reynold también conocida como Ley de Llongueras)
25. "Las posibilidades de descansar un fin de semana son inversamente proporcionales al cansancio acumulado los últimos cinco días". (Ley del descanso reprimido).
26. "Da igual lo terrible o rara que haya sido tu enfermedad, siempre habrá alguien que haya sufrido una peor y más rara". (Principio del hipocondriaco absoluto)
27. "Cuando tras años de haber guardado una cosa sin usarla, decides tirarla, no pasará más de una semana cuando la necesites" (Ley de la necesidad de más espacio).
domingo, 30 de agosto de 2009
martes, 25 de agosto de 2009
domingo, 23 de agosto de 2009
acerca de Bastardos sin gloria de Tarantino
Ya se sabe cómo trabaja Quentin Tarantino: toma un género del cine y le rinde un homenaje hasta el absurdo. El del robo noir en Perros de la calle, el pulp fiction en Pulp Fiction, el blaxploitation en Jackie Brown, las de artes marciales orientales en Kill Bill, el terror rutero en A prueba de muerte. Y ahora le toca al bélico. Pero no cualquier película de guerra: con un grupo de soldados judíos entregados a la misión de asesinar nazis de la manera más sangrienta posible, recupera la gran tradición de Doce del patíbulo de Robert Aldrich, y los comandos feos, sucios y malos que conformaban lo más granado de las fuerzas que derrotaron al nazismo.
Por Alfredo García
Con los Bastardos sin gloria, Quentin Tarantino da un giro brusco al volante que conducía Kurt Russell en la reciente A prueba de muerte y coloca al espectador en medio de la Francia ocupada por los nazis hacia 1941. Salvo películas de revisionismo histórico post-La lista de Schindler y Rescatando al soldado Ryan, la guerra como gran espectáculo de entretenimiento épico ya no es algo usual en Hollywood; pero, obvio, Tarantino no es Hollywood. ¿O sí?
Sí y no, y eso es algo que se puede observar repasando las numerosas y heterogéneas fuentes de homenaje e inspiración con las que, a través de estos Bastardos sin gloria, Quentin Tarantino recorre el cine bélico.
La referencia más evidente del último opus del director está en su título. Aunque en los papeles el guión sobre un comando de soldados judíos que matan nazis por docenas y quieren liquidar a Hitler, Goebbles, Goering y Borrman durante el estreno de un clásico de propaganda nazi en un cine parisino no tiene mucho que ver con la original, su película se llama igual que una italianada bélica dirigida por Enzo G. Castellari en 1978, Quel maledetto treno blindato, conocida en los Estados Unidos como The Inglorious Bastards (en la Argentina tuvo bastante éxito en las salas de cruce de la calle Lavalle y los cines de barrio y zonas suburbanas bajo la exacta traducción Aquel maldito tren blindado, luego un éxito en VHS de la mano de uno de los sellos especializados en western spaghetti). El treno maledetto era una especie de copia por partida doble, ya que el argumento copiaba a The Dirty Dozen (Doce del patíbulo) de Robert Aldrich mientras que el estilo intentaba reproducir la ultraviolencia de Sam Peckinpah, dato interesante sobre todo si se tenía en cuenta que por esos tiempos el director estadounidense de La pandilla salvaje y Pat Garret & Billy the Kid acababa de arrojar una feroz mirada a la Segunda Guerra Mundial en La Cruz de Hierro (1977). En efecto, alguien llamó a Castellari “The poor man’s Peckinpah” (“Un Peckinpah para pobres”), lo que no implica que el director italiano no haya tenido una larga serie de éxitos comerciales distribuidos en todo el mundo, incluyendo clones itálicos de Tiburón, Mad Max y varios eurowesterns de la era clásica post-Sergio Leone. Un detalle raro es que Enzo G. Castellari es el seudónimo de Enzo Girolami, también apodado “Enzino” y otrora conocido por varios alias anglosajones pedidos por la distribución internacional, como E.G. Rowland y Stephen M. Andrews.
El argumento de la primera Inglorious Bastards, es decir la italianada de Enzo G. Castellari (en realidad la de Tarantino es Basterds, con “e”) contaba la epopeya de unos criminales de guerra interpretados por Bo Svenson, Peter Hooten, Michael Pergolani, Jackie Basehart y Fred Williamson, que al ser bombardeados camino a su encierro en una prisión militar, decidían participar de una misión suicida contra los nazis.
La idea de usar unos delincuentes como antihéroes extremos de un film bélico no era precisamente nueva. Justamente es aquí cuando entra el parecido con Doce del patíbulo de Robert Aldrich, superclásico que introducía una alta dosis de cinismo a la gesta aliada, poniendo a asesinos psicópatas, violadores y depravados de la peor calaña a combatir a los nazis. Al mejor estilo de un gran director como Aldrich, que ya había incursionado en el género bélico con obras maestras del cine de guerra revisionista como Attack (Ataque), que con impresionantes actuaciones de Jack Palance y Lee Marvin contaba básicamente las mismas injusticias y traiciones luego descriptas en Pelotón por Oliver Stone, Doce del patíbulo se valía de un elenco sin desperdicios (Lee Marvin, Ernest Borgnine, Charles Bronson, Jim Brown, John Cassavetes, Richard Jaeckel, George Kennedy, Trini López, Robert Ryan, Telly Savalas, Donald Sutherland, Clint Walker) para contar cómo ese grupo de desalmados podía constituirse en una implacable fuerza de choque tal como decía la frase publicitaria del film, toda una revolución para 1967: “¡Los entrenaron, los armaron, y se los soltaron a los nazis!”.
La película era fuerte para su época. Jack Palance rechazó el papel del desquiciado que terminó encarnando Telly Savalas –terminaba liquidado por sus propios compañeros– debido a que todo le pareció muy violento, y el mismo Lee Marvin, que reconoce haberla pasado bomba durante el rodaje, donde hicieron falta varias toneladas de explosivos para demoler el castillo que servía de cuartel general a los nazis –uno de los decorados más grandes de la historia del cine–, aseguró en muchos reportajes que la película era sólo “basura para ganar plata”, algo que en efecto hizo al por mayor, convirtiéndose en el mayor éxito comercial de la Metro durante el año de su estreno original (seguramente el rechazo de Marvin al film se puede justificar dadas sus propias experiencias como soldado en la guerra, que según dijo él mismo estaba mucho más fielmente mostrada en la posterior The Big Red One de Sam Fuller).
El film de Aldrich se basaba en un best seller de E.M. Nathason, inspirado, por más increíble que suene, en un auténtico grupo de paracaidistas que participó en numerosos combates de la Segunda Guerra, incluido el esencial Día D. “Los 13 Roñosos” podría ser una traducción fiel del apodo que sus camaradas de armas les pusieron a los 101st Airborne Paratroopers, “The Filthy Thirteen”, que por una extraña cuestión ritual de fraternidad, o tal vez un raro caso de alergia colectiva al jabón, se negaban a asearse o afeitarse antes de una misión. También se cortaban el pelo o se maquillaban al estilo apache, lo que servía perfectamente a los fines de la propaganda bélica que difundía en cada ocasión que se presentara las imágenes de estos bravucones en cuanto noticiero fuera posible.
En este sentido, se puede ver un guiño de Tarantino a la verdadera historia detrás de los Doce del patíbulo, ya que el personaje de Brad Pitt, o sea el líder de los Bastardos sin gloria, tiene el sobrenombre de “El Apache” y les pide a sus hombres que le quiten el cuero cabelludo a todas sus bajas enemigas.
El film de Aldrich originó algunas flojas secuelas producidas para la televisión, y es uno de los films de guerra más copiados de todos los tiempos. Sin embargo, y más allá de sus fuentes históricas ya mencionadas, su originalidad es discutible, ya que un film previo de bajo presupuesto, dirigido por Roger Corman, se le adelantó en el tema. Stewart Granger, Mickey Rooney, Ed Byrnes, Henry Silva y Raf Vallone eran algunos de miembros de la Invasión secreta (The Secret Invasion, 1964). Corman contó que supo de la historia real de un grupo comando que actuó contra los nazis en Dubrovnik, ex Yugoslavia (uno de los países que más duramente se opuso a la ocupación alemana), en el consultorio de un dentista, y que se interesó tanto en recrear aquellos hechos verídicos como para llevar la producción a las locaciones reales, algo difícil teniendo en cuenta que el despliegue de producción no era el fuerte de los astutos emprendimientos independientes del director de The Trip y El hombre con ojos de rayos X.
Más allá de que el film de Corman debería ser considerado el primer film auténticamente dedicado a estos grupos de comandos sucios, implacables, desalmados y tan malos como sus enemigos nazis –ésta sería una perfecta descripción de los energúmenos de Tarantino, que muelen con un bate de béisbol a sus enemigos, les cortan el cuero cabelludo a los cadáveres y, si los dejan vivos, les marcan una cruz esvástica en la frente con un cuchillo–, las fuentes se pueden remontar incluso hasta los films realizados durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, como el semiolvidado Gung Ho: The Story of Carlson’s Makin Island Raiders (Ray Enright, 1943) con Randolph Scott y un joven Robert Mitchum matando japoneses a diestra y siniestra luego de un entrenamiento diseñado para convertir seres humanos en bestias de combate.
En todo caso hay muchos films muy buenos en el estilo iniciado por Corman y continuado por Aldrich. Uno de los mejores lamentablemente no es de los más conocidos ni recordados. En Play Dirty (La escoria del desierto, 1968), el genial André De Toth se despedía del cine a lo grande con la historia de un ejecutivo petrolero obligado a asumir su fachada militar y liderar una misión imposible en territorio alemán, disfrazado de italiano con soldados de la peor ralea, igual o peor que las tropas del Eje con las que se encontraban a su paso. La película confirmó la extraña peculiaridad que Michael Caine venía demostrando desde el inicio de su carrera en la obra maestra épica Zulú, de Cy Enfield: se puede ser superastro de cine sin encarnar jamás a un héroe ni nada que se le parezca. Caine volvería a demostrar esto en otro excelente film de Aldrich al estilo de sus previos Doce del patíbulo: en Too Late the Hero (Así nacen los héroes, 1970) encarnaba como nadie a un soldado inglés tan cobarde como todos sus camaradas, que hacía cualquier cosa por no tener que enfrentarse a los japoneses que dominaban la otra mitad de su propia isla. La frase publicitaria de esta joya de Robert Aldrich lo decía todo: “War... it’s a dying business” (“La guerra... es un negocio moribundo”).
Por algo este tipo de mirada cínica o irónica a la guerra explota en la taquilla mundial a partir de 1967 y los Dirty Dozen de Aldrich. Es que ya la guerra no era contra los nazis sino contra el Vietcong, y ya no se sabía quiénes eran los malos. O, mejor dicho, parece que sí se sabía, y el cine de algunos audaces directores de Hollywood como Robert Altman lanzaba dardos al mundo militar en comedias negrísimas tan geniales como MASH (1970), tal vez el momento más creativo y ácido de la crítica antibélica en el cine estadounidense.
Desde este tipo de mirada cínica se puede entender la historieta absurda de guerra que pinta cuadrito por cuadrito Quentin Tarantino en esta original y extraña Bastardos sin gloria, por momentos más una comedia negrísima que un auténtico film de guerra. Hay un punto de vista antirracista poco tratado en el cine, que tiene que ver con la ascendencia judía del comando antinazi comandado por Brad Pitt, que utiliza técnicas tan brutales como para horrorizar al mismísimo Führer. Esta mirada ideológica hace que Bastardos sin gloria pueda funcionar como un excelente doble programa si se la ve junto a la más seria y convencional Desafío (Defiance) de Ed Zwyck, con Daniel Craig comandando un grupo de partisanos judíos de muy malas pulgas que ni por asomo se dejarán conducir a la cámara de gas sin liquidarse unos cuantos nazis.
La mezcla de humor negro, clima bélico hasta lo ultraviolento, ideología contracultural y música de western spaghetti hacen que al final la principal fuente de la última película de Tarantino no sea ninguna de las ya mencionadas sino uno de los mejores y más originales títulos en toda la filmografía como actor de Clint Eastwood. Kelly’s Heroes (Botín de los valientes, Brian Hutton, 1970) mostraba a un grupo de soldados marginales (Eastwood, Telly Savalas, Donald Sutherland) que andaban por la Europa ocupada ahí con ponchos de cowboy y melenas hippies y tenían como lema “masacrar a los soldados del Führer para robarles su oro nazi”. No por nada entre tanto tema de Morricone que abunda en Bastardos sin gloria (incluyendo un momento exacto para ubicar el de La batalla de Argelia de Pontecorvo) también suena en un punto culminante de la historia el gran tema spaghetti bélico compuesto por Lalo Schifrin para aquel grandioso Botín de los valientes, al que ahora Tarantino hace lucir tan serio y moderado como un capítulo de la serie Combate.
Por Alfredo García
Con los Bastardos sin gloria, Quentin Tarantino da un giro brusco al volante que conducía Kurt Russell en la reciente A prueba de muerte y coloca al espectador en medio de la Francia ocupada por los nazis hacia 1941. Salvo películas de revisionismo histórico post-La lista de Schindler y Rescatando al soldado Ryan, la guerra como gran espectáculo de entretenimiento épico ya no es algo usual en Hollywood; pero, obvio, Tarantino no es Hollywood. ¿O sí?
Sí y no, y eso es algo que se puede observar repasando las numerosas y heterogéneas fuentes de homenaje e inspiración con las que, a través de estos Bastardos sin gloria, Quentin Tarantino recorre el cine bélico.
La referencia más evidente del último opus del director está en su título. Aunque en los papeles el guión sobre un comando de soldados judíos que matan nazis por docenas y quieren liquidar a Hitler, Goebbles, Goering y Borrman durante el estreno de un clásico de propaganda nazi en un cine parisino no tiene mucho que ver con la original, su película se llama igual que una italianada bélica dirigida por Enzo G. Castellari en 1978, Quel maledetto treno blindato, conocida en los Estados Unidos como The Inglorious Bastards (en la Argentina tuvo bastante éxito en las salas de cruce de la calle Lavalle y los cines de barrio y zonas suburbanas bajo la exacta traducción Aquel maldito tren blindado, luego un éxito en VHS de la mano de uno de los sellos especializados en western spaghetti). El treno maledetto era una especie de copia por partida doble, ya que el argumento copiaba a The Dirty Dozen (Doce del patíbulo) de Robert Aldrich mientras que el estilo intentaba reproducir la ultraviolencia de Sam Peckinpah, dato interesante sobre todo si se tenía en cuenta que por esos tiempos el director estadounidense de La pandilla salvaje y Pat Garret & Billy the Kid acababa de arrojar una feroz mirada a la Segunda Guerra Mundial en La Cruz de Hierro (1977). En efecto, alguien llamó a Castellari “The poor man’s Peckinpah” (“Un Peckinpah para pobres”), lo que no implica que el director italiano no haya tenido una larga serie de éxitos comerciales distribuidos en todo el mundo, incluyendo clones itálicos de Tiburón, Mad Max y varios eurowesterns de la era clásica post-Sergio Leone. Un detalle raro es que Enzo G. Castellari es el seudónimo de Enzo Girolami, también apodado “Enzino” y otrora conocido por varios alias anglosajones pedidos por la distribución internacional, como E.G. Rowland y Stephen M. Andrews.
El argumento de la primera Inglorious Bastards, es decir la italianada de Enzo G. Castellari (en realidad la de Tarantino es Basterds, con “e”) contaba la epopeya de unos criminales de guerra interpretados por Bo Svenson, Peter Hooten, Michael Pergolani, Jackie Basehart y Fred Williamson, que al ser bombardeados camino a su encierro en una prisión militar, decidían participar de una misión suicida contra los nazis.
La idea de usar unos delincuentes como antihéroes extremos de un film bélico no era precisamente nueva. Justamente es aquí cuando entra el parecido con Doce del patíbulo de Robert Aldrich, superclásico que introducía una alta dosis de cinismo a la gesta aliada, poniendo a asesinos psicópatas, violadores y depravados de la peor calaña a combatir a los nazis. Al mejor estilo de un gran director como Aldrich, que ya había incursionado en el género bélico con obras maestras del cine de guerra revisionista como Attack (Ataque), que con impresionantes actuaciones de Jack Palance y Lee Marvin contaba básicamente las mismas injusticias y traiciones luego descriptas en Pelotón por Oliver Stone, Doce del patíbulo se valía de un elenco sin desperdicios (Lee Marvin, Ernest Borgnine, Charles Bronson, Jim Brown, John Cassavetes, Richard Jaeckel, George Kennedy, Trini López, Robert Ryan, Telly Savalas, Donald Sutherland, Clint Walker) para contar cómo ese grupo de desalmados podía constituirse en una implacable fuerza de choque tal como decía la frase publicitaria del film, toda una revolución para 1967: “¡Los entrenaron, los armaron, y se los soltaron a los nazis!”.
La película era fuerte para su época. Jack Palance rechazó el papel del desquiciado que terminó encarnando Telly Savalas –terminaba liquidado por sus propios compañeros– debido a que todo le pareció muy violento, y el mismo Lee Marvin, que reconoce haberla pasado bomba durante el rodaje, donde hicieron falta varias toneladas de explosivos para demoler el castillo que servía de cuartel general a los nazis –uno de los decorados más grandes de la historia del cine–, aseguró en muchos reportajes que la película era sólo “basura para ganar plata”, algo que en efecto hizo al por mayor, convirtiéndose en el mayor éxito comercial de la Metro durante el año de su estreno original (seguramente el rechazo de Marvin al film se puede justificar dadas sus propias experiencias como soldado en la guerra, que según dijo él mismo estaba mucho más fielmente mostrada en la posterior The Big Red One de Sam Fuller).
El film de Aldrich se basaba en un best seller de E.M. Nathason, inspirado, por más increíble que suene, en un auténtico grupo de paracaidistas que participó en numerosos combates de la Segunda Guerra, incluido el esencial Día D. “Los 13 Roñosos” podría ser una traducción fiel del apodo que sus camaradas de armas les pusieron a los 101st Airborne Paratroopers, “The Filthy Thirteen”, que por una extraña cuestión ritual de fraternidad, o tal vez un raro caso de alergia colectiva al jabón, se negaban a asearse o afeitarse antes de una misión. También se cortaban el pelo o se maquillaban al estilo apache, lo que servía perfectamente a los fines de la propaganda bélica que difundía en cada ocasión que se presentara las imágenes de estos bravucones en cuanto noticiero fuera posible.
En este sentido, se puede ver un guiño de Tarantino a la verdadera historia detrás de los Doce del patíbulo, ya que el personaje de Brad Pitt, o sea el líder de los Bastardos sin gloria, tiene el sobrenombre de “El Apache” y les pide a sus hombres que le quiten el cuero cabelludo a todas sus bajas enemigas.
El film de Aldrich originó algunas flojas secuelas producidas para la televisión, y es uno de los films de guerra más copiados de todos los tiempos. Sin embargo, y más allá de sus fuentes históricas ya mencionadas, su originalidad es discutible, ya que un film previo de bajo presupuesto, dirigido por Roger Corman, se le adelantó en el tema. Stewart Granger, Mickey Rooney, Ed Byrnes, Henry Silva y Raf Vallone eran algunos de miembros de la Invasión secreta (The Secret Invasion, 1964). Corman contó que supo de la historia real de un grupo comando que actuó contra los nazis en Dubrovnik, ex Yugoslavia (uno de los países que más duramente se opuso a la ocupación alemana), en el consultorio de un dentista, y que se interesó tanto en recrear aquellos hechos verídicos como para llevar la producción a las locaciones reales, algo difícil teniendo en cuenta que el despliegue de producción no era el fuerte de los astutos emprendimientos independientes del director de The Trip y El hombre con ojos de rayos X.
Más allá de que el film de Corman debería ser considerado el primer film auténticamente dedicado a estos grupos de comandos sucios, implacables, desalmados y tan malos como sus enemigos nazis –ésta sería una perfecta descripción de los energúmenos de Tarantino, que muelen con un bate de béisbol a sus enemigos, les cortan el cuero cabelludo a los cadáveres y, si los dejan vivos, les marcan una cruz esvástica en la frente con un cuchillo–, las fuentes se pueden remontar incluso hasta los films realizados durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, como el semiolvidado Gung Ho: The Story of Carlson’s Makin Island Raiders (Ray Enright, 1943) con Randolph Scott y un joven Robert Mitchum matando japoneses a diestra y siniestra luego de un entrenamiento diseñado para convertir seres humanos en bestias de combate.
En todo caso hay muchos films muy buenos en el estilo iniciado por Corman y continuado por Aldrich. Uno de los mejores lamentablemente no es de los más conocidos ni recordados. En Play Dirty (La escoria del desierto, 1968), el genial André De Toth se despedía del cine a lo grande con la historia de un ejecutivo petrolero obligado a asumir su fachada militar y liderar una misión imposible en territorio alemán, disfrazado de italiano con soldados de la peor ralea, igual o peor que las tropas del Eje con las que se encontraban a su paso. La película confirmó la extraña peculiaridad que Michael Caine venía demostrando desde el inicio de su carrera en la obra maestra épica Zulú, de Cy Enfield: se puede ser superastro de cine sin encarnar jamás a un héroe ni nada que se le parezca. Caine volvería a demostrar esto en otro excelente film de Aldrich al estilo de sus previos Doce del patíbulo: en Too Late the Hero (Así nacen los héroes, 1970) encarnaba como nadie a un soldado inglés tan cobarde como todos sus camaradas, que hacía cualquier cosa por no tener que enfrentarse a los japoneses que dominaban la otra mitad de su propia isla. La frase publicitaria de esta joya de Robert Aldrich lo decía todo: “War... it’s a dying business” (“La guerra... es un negocio moribundo”).
Por algo este tipo de mirada cínica o irónica a la guerra explota en la taquilla mundial a partir de 1967 y los Dirty Dozen de Aldrich. Es que ya la guerra no era contra los nazis sino contra el Vietcong, y ya no se sabía quiénes eran los malos. O, mejor dicho, parece que sí se sabía, y el cine de algunos audaces directores de Hollywood como Robert Altman lanzaba dardos al mundo militar en comedias negrísimas tan geniales como MASH (1970), tal vez el momento más creativo y ácido de la crítica antibélica en el cine estadounidense.
Desde este tipo de mirada cínica se puede entender la historieta absurda de guerra que pinta cuadrito por cuadrito Quentin Tarantino en esta original y extraña Bastardos sin gloria, por momentos más una comedia negrísima que un auténtico film de guerra. Hay un punto de vista antirracista poco tratado en el cine, que tiene que ver con la ascendencia judía del comando antinazi comandado por Brad Pitt, que utiliza técnicas tan brutales como para horrorizar al mismísimo Führer. Esta mirada ideológica hace que Bastardos sin gloria pueda funcionar como un excelente doble programa si se la ve junto a la más seria y convencional Desafío (Defiance) de Ed Zwyck, con Daniel Craig comandando un grupo de partisanos judíos de muy malas pulgas que ni por asomo se dejarán conducir a la cámara de gas sin liquidarse unos cuantos nazis.
La mezcla de humor negro, clima bélico hasta lo ultraviolento, ideología contracultural y música de western spaghetti hacen que al final la principal fuente de la última película de Tarantino no sea ninguna de las ya mencionadas sino uno de los mejores y más originales títulos en toda la filmografía como actor de Clint Eastwood. Kelly’s Heroes (Botín de los valientes, Brian Hutton, 1970) mostraba a un grupo de soldados marginales (Eastwood, Telly Savalas, Donald Sutherland) que andaban por la Europa ocupada ahí con ponchos de cowboy y melenas hippies y tenían como lema “masacrar a los soldados del Führer para robarles su oro nazi”. No por nada entre tanto tema de Morricone que abunda en Bastardos sin gloria (incluyendo un momento exacto para ubicar el de La batalla de Argelia de Pontecorvo) también suena en un punto culminante de la historia el gran tema spaghetti bélico compuesto por Lalo Schifrin para aquel grandioso Botín de los valientes, al que ahora Tarantino hace lucir tan serio y moderado como un capítulo de la serie Combate.
la salud de los enfermos al cine x rodrigo fresán
MENTIRAS PIADOSAS, JULIO CORTAZAR POR DIEGO SABANES
Instrucciones para ver esta película
Son pocas las adaptaciones del cine basadas en la literatura argentina, y son pocas también las que salen airosas. Por eso es doblemente bienvenida la adaptación libre de Diego Sabanés del cuento de Julio Cortázar “La salud de los enfermos”. Con un elenco ecléctico e impecable (Víctor Laplace, Marilú Marini, Rubén Szuchmacher, Lidia Lamaison, entre otros) y una prodigiosa capacidad de capturar esa esquiva cualidad visual que es “lo cortazariano”, Mentiras piadosas se estrena el jueves que viene en Buenos Aires. Rodrigo Fresán la presenta.
Por Rodrigo Fresán
UNO
Imposible no caer en la tentación de comenzar así: Instrucciones para ver esta película.
Entonces, entrar, sentarse, cerrar los ojos en el momento exacto en que se apaga la luz, abrir los ojos y descubrir que el mundo en que uno habitaba ahora se ha cerrado para que se abra otro.
Ese otro mundo en el que la gente, desde una pantalla, nos mira a nosotros.
DOS
Casi lo primero que se escucha en la película Mentiras piadosas –film dirigido por Diego Sabanés basado libremente en el relato “La salud de los enfermos”– es, creo, esto: “La memoria es un músculo raro. Se mueve solo. Cuando nadie lo espera”.
TRES
Y confieso que yo no me acordaba muy bien del relato en cuestión. Me acordaba perfecto de muchos otros. Es más, era como si los viera; porque Cortázar es un escritor con una voz muy visual.
Ese ritmo, esa cadencia que enseguida se traduce –en el milagro nunca del todo explicado del acto de leer– en imágenes en la pantalla del cerebro de sus lectores.
Así es como leemos (y vemos) al lector fatal de “Continuidad de los parques”, las fotos terribles de “Las babas del diablo” y “Apocalipsis de Solentiname”, los sueños de un tal Lucas o las postales de secretarias de la escuela de noche.
Todo eso con esa voz grave, de erres marcadas, que por momentos parece recitar y por otros improvisar, aunque nos llegue del extranjero, sintiéndose siempre felices de pertenecer a una tradición que no considera a lo fantástico un género menor.
CUATRO
Y Mentiras piadosas es una película fantástica, cortazarianamente fantástica. Como un sutil episodio de The Twilight Zone (siempre pensé que “La noche boca arriba” o “Axolotl” bien podrían haber sido adaptados y televisados por el gran Rod Serling), como un paisaje cortazariano donde, siempre, lo que se destaca y define es el paulatino –lento y pausado pero constante– enrarecimiento de lo normal partiendo de la idea y de la base de que no hay nada más raro que la normalidad absoluta.
CINCO
Y, como dije antes, yo no me acordaba muy bien de “La salud de los enfermos”. Recordaba el truco de su trama y poco más. Las cartas como elemento que va distorsionando la realidad.
Y, sí, lo epistolar en Cortázar. En “Carta a una señorita en París”, en “Sobremesa”, en “Diario de un cuento”, en “Cartas a mamá”.
En Cortázar, las cartas siempre ascienden a la categoría de personajes.
En Cortázar, las cartas son, siempre, tan importantes.
Las cartas como el medio de un transporte más importante en un mundo que alguna vez fue este mundo.
Otro mundo.
Un mundo más lento, peor comunicado, donde no rige la eléctrica velocidad de la luz sino la unplugged velocidad de la tinta.
Un mundo, me parece, mejor.
O, por lo menos, una Argentina mejor.
SEIS
Y apenas transcurridos unos minutos de Mentiras piadosas, Diego Sabanés ya me había contestado con impecable caligrafía a lo que yo me preguntaba antes de empezar a ver, a mirar. Lo que me preguntaba era cómo representar visualmente lo cortazariano.
Está clara la respuesta a la hora de Homero o de Dickens o de Kafka o de Borges. ¿Pero qué es lo que define visualmente a Cortázar?
Lo comprendo –cortesía de Diego Sabanés– casi enseguida: los delicados travellings y los clásicos paneos sobre cuellos, escotes, sweaters (ropa que no cambia, que parece fosilizarse sobre los cuerpos), cortes de pelo, sombreros, lámparas, fuentes con puré, escaleras, teléfonos donde todavía habita el muy esporádico y portentoso milagro de la llamada de larga distancia, llaves, el libro favorito cuyo título jamás se nos dice, tiempos y edades (que en Cortázar no pasan y se perpetúan tal vez porque para Cortázar el tiempo y los años pasaban de una manera muy diferente de la de los demás), la idea de la casa como todo un planeta, el rumor lejano de lo exterior, la felicidad alucinada que sólo surge cuando se ha tocado el fondo de la melancolía más profunda y, claro, por supuesto, el fantasma distante pero tan cercano de París (desde donde se escribe casi todo) invocando al fantasma cercano pero tan distante de Buenos Aires.
SIETE
Y ciertos rostros. Mentiras piadosas es un prodigio de casting y tengo que confesar que yo no suelo ver mucho cine argentino porque (no sé si a los norteamericanos o a los ingleses les ocurre lo mismo con sus actores) veo a entrar a Víctor Laplace y nunca es un personaje. Es Víctor Laplace. Sin embargo, el Víctor Laplace ya maduro de Mentiras piadosas –hacía más de diez años que no lo veía– me parece, por suerte, un desconocido al que recién conozco en las pocas y logradas escenas en las que aparece. Marilú Marini está inmensa, como una suerte de Bette Davis tardía (lo suyo es una versión dulce y sutil de Baby Jane y de aquella Charlotte; y qué gran nombre es Marilú Marini, quién no querría llamarse Marilú Marini, ¿eh?). Demoré en reconocer a Rubén Szuchmacher y, claro, misterio, Lidia Lamaison está igual que siempre (Lidia Lamaison –como Fred Astaire– parece haber nacido exactamente así). La efímera pero de algún modo constante aparición de Walter Quiroz le otorga a su Pablo un aire delicadamente canalla; y su mirada torcida y dura en esa foto de algún modo lo explica absolutamente todo.
Mención aparte me merecen los actores “nuevos”, los que yo no tenía registrados: la mirada triste de Paula Ransemberg como Nora, la mirada todavía más triste de Claudio Tolcachir como Jorge, la sensualidad antigua de Verónica Pelaccini como Patricia (una especie de joven Graciela Borges cruzada con la chica esa de la serie Six Feet Under), la crispación simpática de Claudia Cantero como la Tía Celia... todos están tan bien, todos son tan cortazarianos.
OCHO
Y Mentiras piadosas es, por fin, una película argentina donde no hay militares, ni crisis, ni desaparecidos, ni corralito. Hay, sí, un desaparecido. El Desaparecido.
De algún modo, Mentiras piadosas conecta también con esos relatos de fantasmas sin fantasma de Henry James o con “En memoria de Paulina” o “El perjurio de la nieve” de Adolfo Bioy Casares, donde la memoria y la repetición ritual de una rutina se convierten en amorosas máquinas fabricadoras de espectros. Porque, antes que nada y después de todo, Mentiras piadosas es nada más y nada menos que una fantasmal historia de amor donde todos se quieren. Se quieren mucho. Y los que se quedaron elevan al que se fue a los altares de la fantasía más apasionada.
Y –atención, muchas gracias, Diego Sabanés– en Mentiras piadosas no se oyen ni una vez las palabras “boludo” o “pelotudo”. Se oye una vez un “hijo de puta” y un “como la mierda”. Pero están perfecta y plenamente justificados. Mentiras piadosas es, sí, una película bien educada por su director. No es una película mal hablada y sí es una película bien escrita.
Y tal vez lo más importante de todo: Mentiras piadosas podría haberse conformado con ser –por su puesta y estructura– teatro en celuloide. Pero es cine con actores.
NUEVE
Y Mentiras piadosas es, también, una película inteligente a la vez que ingeniosa. Es admirable el modo en que –amparándose en la categoría de “versión libre”– Diego Sabanés nos invita y nos guía por una suerte de Parque Temático Cortázar.
Bienvenidos a Cortazarlandia.
A la familia como ente narrador y plural (me emocionó ese momento en que alguien dice y corrige “Espero... no... esperamos” sin saber o sabiendo que pone en marcha un mecanismo sin retorno), una familia que comienza siendo claramente cronopia y se va desvaneciendo hasta reducirse a los hermanos de “Casa tomada” que, ahora, deciden quedarse adentro y no dejar que entren los fantasmas desde afuera.
Disfruten de los guiños a conejos, a “Tía en dificultades”, a la ceremonia de tomar o de sacar una foto.
Aprecien el modo en que Diego Sabanés sabe y hace saber –como Cortázar–- que el lugar en el que se vive y se muere es, también, un personaje más, un personaje importante.
Y vuelvan a encontrarse con ese inquietante sentimiento, recurrente en la obra de Cortázar: el convencimiento de que, tarde o temprano, todos acaban siendo escritores, autores más o menos buenos de sus propias vidas.
DIEZ
Terminada de ver Mentiras piadosas, seguidas todas las instrucciones, fui hasta mi biblioteca, busqué y encontré mi ejemplar de Todos los fuegos el fuego, y volví a leer “La salud de los enfermos”.
Qué buen cuento, pensé entonces.
Qué buena película, pensé después.
Este texto de Rodrigo Fresán fue leído en la presentación de Mentiras piadosas en la Casa de América de Madrid el 9 de febrero del 2009.
Instrucciones para ver esta película
Son pocas las adaptaciones del cine basadas en la literatura argentina, y son pocas también las que salen airosas. Por eso es doblemente bienvenida la adaptación libre de Diego Sabanés del cuento de Julio Cortázar “La salud de los enfermos”. Con un elenco ecléctico e impecable (Víctor Laplace, Marilú Marini, Rubén Szuchmacher, Lidia Lamaison, entre otros) y una prodigiosa capacidad de capturar esa esquiva cualidad visual que es “lo cortazariano”, Mentiras piadosas se estrena el jueves que viene en Buenos Aires. Rodrigo Fresán la presenta.
Por Rodrigo Fresán
UNO
Imposible no caer en la tentación de comenzar así: Instrucciones para ver esta película.
Entonces, entrar, sentarse, cerrar los ojos en el momento exacto en que se apaga la luz, abrir los ojos y descubrir que el mundo en que uno habitaba ahora se ha cerrado para que se abra otro.
Ese otro mundo en el que la gente, desde una pantalla, nos mira a nosotros.
DOS
Casi lo primero que se escucha en la película Mentiras piadosas –film dirigido por Diego Sabanés basado libremente en el relato “La salud de los enfermos”– es, creo, esto: “La memoria es un músculo raro. Se mueve solo. Cuando nadie lo espera”.
TRES
Y confieso que yo no me acordaba muy bien del relato en cuestión. Me acordaba perfecto de muchos otros. Es más, era como si los viera; porque Cortázar es un escritor con una voz muy visual.
Ese ritmo, esa cadencia que enseguida se traduce –en el milagro nunca del todo explicado del acto de leer– en imágenes en la pantalla del cerebro de sus lectores.
Así es como leemos (y vemos) al lector fatal de “Continuidad de los parques”, las fotos terribles de “Las babas del diablo” y “Apocalipsis de Solentiname”, los sueños de un tal Lucas o las postales de secretarias de la escuela de noche.
Todo eso con esa voz grave, de erres marcadas, que por momentos parece recitar y por otros improvisar, aunque nos llegue del extranjero, sintiéndose siempre felices de pertenecer a una tradición que no considera a lo fantástico un género menor.
CUATRO
Y Mentiras piadosas es una película fantástica, cortazarianamente fantástica. Como un sutil episodio de The Twilight Zone (siempre pensé que “La noche boca arriba” o “Axolotl” bien podrían haber sido adaptados y televisados por el gran Rod Serling), como un paisaje cortazariano donde, siempre, lo que se destaca y define es el paulatino –lento y pausado pero constante– enrarecimiento de lo normal partiendo de la idea y de la base de que no hay nada más raro que la normalidad absoluta.
CINCO
Y, como dije antes, yo no me acordaba muy bien de “La salud de los enfermos”. Recordaba el truco de su trama y poco más. Las cartas como elemento que va distorsionando la realidad.
Y, sí, lo epistolar en Cortázar. En “Carta a una señorita en París”, en “Sobremesa”, en “Diario de un cuento”, en “Cartas a mamá”.
En Cortázar, las cartas siempre ascienden a la categoría de personajes.
En Cortázar, las cartas son, siempre, tan importantes.
Las cartas como el medio de un transporte más importante en un mundo que alguna vez fue este mundo.
Otro mundo.
Un mundo más lento, peor comunicado, donde no rige la eléctrica velocidad de la luz sino la unplugged velocidad de la tinta.
Un mundo, me parece, mejor.
O, por lo menos, una Argentina mejor.
SEIS
Y apenas transcurridos unos minutos de Mentiras piadosas, Diego Sabanés ya me había contestado con impecable caligrafía a lo que yo me preguntaba antes de empezar a ver, a mirar. Lo que me preguntaba era cómo representar visualmente lo cortazariano.
Está clara la respuesta a la hora de Homero o de Dickens o de Kafka o de Borges. ¿Pero qué es lo que define visualmente a Cortázar?
Lo comprendo –cortesía de Diego Sabanés– casi enseguida: los delicados travellings y los clásicos paneos sobre cuellos, escotes, sweaters (ropa que no cambia, que parece fosilizarse sobre los cuerpos), cortes de pelo, sombreros, lámparas, fuentes con puré, escaleras, teléfonos donde todavía habita el muy esporádico y portentoso milagro de la llamada de larga distancia, llaves, el libro favorito cuyo título jamás se nos dice, tiempos y edades (que en Cortázar no pasan y se perpetúan tal vez porque para Cortázar el tiempo y los años pasaban de una manera muy diferente de la de los demás), la idea de la casa como todo un planeta, el rumor lejano de lo exterior, la felicidad alucinada que sólo surge cuando se ha tocado el fondo de la melancolía más profunda y, claro, por supuesto, el fantasma distante pero tan cercano de París (desde donde se escribe casi todo) invocando al fantasma cercano pero tan distante de Buenos Aires.
SIETE
Y ciertos rostros. Mentiras piadosas es un prodigio de casting y tengo que confesar que yo no suelo ver mucho cine argentino porque (no sé si a los norteamericanos o a los ingleses les ocurre lo mismo con sus actores) veo a entrar a Víctor Laplace y nunca es un personaje. Es Víctor Laplace. Sin embargo, el Víctor Laplace ya maduro de Mentiras piadosas –hacía más de diez años que no lo veía– me parece, por suerte, un desconocido al que recién conozco en las pocas y logradas escenas en las que aparece. Marilú Marini está inmensa, como una suerte de Bette Davis tardía (lo suyo es una versión dulce y sutil de Baby Jane y de aquella Charlotte; y qué gran nombre es Marilú Marini, quién no querría llamarse Marilú Marini, ¿eh?). Demoré en reconocer a Rubén Szuchmacher y, claro, misterio, Lidia Lamaison está igual que siempre (Lidia Lamaison –como Fred Astaire– parece haber nacido exactamente así). La efímera pero de algún modo constante aparición de Walter Quiroz le otorga a su Pablo un aire delicadamente canalla; y su mirada torcida y dura en esa foto de algún modo lo explica absolutamente todo.
Mención aparte me merecen los actores “nuevos”, los que yo no tenía registrados: la mirada triste de Paula Ransemberg como Nora, la mirada todavía más triste de Claudio Tolcachir como Jorge, la sensualidad antigua de Verónica Pelaccini como Patricia (una especie de joven Graciela Borges cruzada con la chica esa de la serie Six Feet Under), la crispación simpática de Claudia Cantero como la Tía Celia... todos están tan bien, todos son tan cortazarianos.
OCHO
Y Mentiras piadosas es, por fin, una película argentina donde no hay militares, ni crisis, ni desaparecidos, ni corralito. Hay, sí, un desaparecido. El Desaparecido.
De algún modo, Mentiras piadosas conecta también con esos relatos de fantasmas sin fantasma de Henry James o con “En memoria de Paulina” o “El perjurio de la nieve” de Adolfo Bioy Casares, donde la memoria y la repetición ritual de una rutina se convierten en amorosas máquinas fabricadoras de espectros. Porque, antes que nada y después de todo, Mentiras piadosas es nada más y nada menos que una fantasmal historia de amor donde todos se quieren. Se quieren mucho. Y los que se quedaron elevan al que se fue a los altares de la fantasía más apasionada.
Y –atención, muchas gracias, Diego Sabanés– en Mentiras piadosas no se oyen ni una vez las palabras “boludo” o “pelotudo”. Se oye una vez un “hijo de puta” y un “como la mierda”. Pero están perfecta y plenamente justificados. Mentiras piadosas es, sí, una película bien educada por su director. No es una película mal hablada y sí es una película bien escrita.
Y tal vez lo más importante de todo: Mentiras piadosas podría haberse conformado con ser –por su puesta y estructura– teatro en celuloide. Pero es cine con actores.
NUEVE
Y Mentiras piadosas es, también, una película inteligente a la vez que ingeniosa. Es admirable el modo en que –amparándose en la categoría de “versión libre”– Diego Sabanés nos invita y nos guía por una suerte de Parque Temático Cortázar.
Bienvenidos a Cortazarlandia.
A la familia como ente narrador y plural (me emocionó ese momento en que alguien dice y corrige “Espero... no... esperamos” sin saber o sabiendo que pone en marcha un mecanismo sin retorno), una familia que comienza siendo claramente cronopia y se va desvaneciendo hasta reducirse a los hermanos de “Casa tomada” que, ahora, deciden quedarse adentro y no dejar que entren los fantasmas desde afuera.
Disfruten de los guiños a conejos, a “Tía en dificultades”, a la ceremonia de tomar o de sacar una foto.
Aprecien el modo en que Diego Sabanés sabe y hace saber –como Cortázar–- que el lugar en el que se vive y se muere es, también, un personaje más, un personaje importante.
Y vuelvan a encontrarse con ese inquietante sentimiento, recurrente en la obra de Cortázar: el convencimiento de que, tarde o temprano, todos acaban siendo escritores, autores más o menos buenos de sus propias vidas.
DIEZ
Terminada de ver Mentiras piadosas, seguidas todas las instrucciones, fui hasta mi biblioteca, busqué y encontré mi ejemplar de Todos los fuegos el fuego, y volví a leer “La salud de los enfermos”.
Qué buen cuento, pensé entonces.
Qué buena película, pensé después.
Este texto de Rodrigo Fresán fue leído en la presentación de Mentiras piadosas en la Casa de América de Madrid el 9 de febrero del 2009.
miércoles, 19 de agosto de 2009
algunas reflexiones de un personaje único: Holden Caufield
Los libros que de verdad me gustan son esos que cuando acabas de leerlos piensas que ojalá el autor fuera muy amigo tuyo para poder llamarle por teléfono cuando quisieras...
Antes yo era tan tonto que la consideraba inteligente porque sabía bastante de literatura y de teatro, y cuando alguien sabe de esas cosas cuesta mucho trabajo llegar a averiguar si es estúpido o no...
La mayoría se casarían con cretinos, tipos de esos que se pasan el día hablando de cuántos kilómetros por hora hacen, tipos que se enfadan como niños cuando pierden al golf o a algún juego tan estúpido como el ping-pong, tipos mala gente de verdad, tipos que en su vida han leído un libro, tipos aburridos...
Antes yo era tan tonto que la consideraba inteligente porque sabía bastante de literatura y de teatro, y cuando alguien sabe de esas cosas cuesta mucho trabajo llegar a averiguar si es estúpido o no...
La mayoría se casarían con cretinos, tipos de esos que se pasan el día hablando de cuántos kilómetros por hora hacen, tipos que se enfadan como niños cuando pierden al golf o a algún juego tan estúpido como el ping-pong, tipos mala gente de verdad, tipos que en su vida han leído un libro, tipos aburridos...
miércoles, 12 de agosto de 2009
martes, 11 de agosto de 2009
domingo, 9 de agosto de 2009
RESIDUOS DE LUIS FERNANDO VERÍSSIMO
"Residuos" . Luis Fernando Veríssimo
Un hombre y una mujer se encuentran en el palier, cada uno con su bolsa de residuos. Es la primera vez que se hablan.
- Buen día.
- Buen día.
- Usted es del 610.
- Y usted del 612.
- Si.
- Todavía no lo conocía personalmente.
- Ajá.
- Disculpe mi indiscreción, pero he visto sus bolsas de residuos...
- ¿ Mis qué?
- Sus residuos.
- Ah.
- Note que nunca es mucho. Su familia debe ser chica..
- La verdad, soy yo solo.
- Hmmm. Vi también que usa mucha comida en lata.
- Es que tengo que hacerme la comida. Y cómo no se cocinar..
- Entiendo.
- Usted también...
- Tratame de vos.
- Vos también perdoná mi indiscreción, pero vi algunos restos de comida en tus bolsas. Champiñones, cosas por el estilo...
- Es que me gusta mucho cocinar. Hacer platos diferentes. pero como vivosola, a veces sobra...
- ¿ Usted... vos no tenés familia?
- Tengo, pero no aquí.
- En Espíritu Santo.
- ¿ Cómo sabés?
- Vi unos sobres en la basura. De Espíritu Santo.
- Sí. Mamá escribe todas las semanas.
- ¿ Ella es maestra?
- ¡ Qué increíble!¿ Cómo fue que adivinaste?
- Por la letra en el sobre. Me pareció letra de maestra.
- Usted no recibe muchas cartas. A juzgar por sus residuos...
- Y.. no.
- El otro día tenía un telegrama abollado.
- Sí.
- ¿Malas noticias?
- Mi padre. Murió.
- Lo siento mucho.
- Ya estaba muy viejito. Allá en el Sur. Hace tiempo que no nos veíamos.
- ¿ Fué por eso que volviste a fumar?
- ¿ Cómo sabés?
- De un día para otro empezaron a aparecer en tu basura etiquetas de cigarrillos.
- Es cierto. Pero conseguí dejar otra vez.
- Yo, gracias a Dios, nunca fumé.
- Ya sé. Pero he visto frasquitos de pastillas en tu basura.
- Tranquilizantes. Fue una etapa. Ya pasó.
- ¿ Te peleaste con tu novio, no es cierto?
- ¿ Eso también lo descubriste en la basura?
- Primero el ramo de flores con la tarjeta, arrojado afuera. Después, muchos pañuelos de papel.
- Sí, lloré bastante, pero ya pasó.
- Pero hoy todavía veo unos pañuelitos...
- Es que estoy un poco resfriada.
- Ah.
- Muchas veces veo revistas de palabras cruzadas en tus bolsas.
- Sí..., es que.. me quedo mucho en casa. No salgo mucho, sabés.
- ¿ Novia?
- No.
- Pero hace algunos días había una foto de una mujer en tus bolsas. Y muy bonita.
- Estuve limpiando unos cajones. Cosas viejas.
- Pero no rompiste la foto. Eso significa que, en el fondo, querés que ella vuelva.
- ¡ Vos ya estás analizando mis residuos!
- No puedo negar que me interesaron.
- Qué gracioso. Cuando examiné tus bolsas, pensé que me gustaría conocerte. Creo que fue por la poesía.
- ¡ No!¿ Vos viste mis poemas?
- Los ví y me gustaron mucho.
- ¡ Pero son malísimos!
- Si realmente creyeras que son malos, los habrías roto. Solamente estaban doblados.
- Si hubiera sabiado que los hibas a leer...
- No me los quedé porque, a fin de cuentas, estaría robando. A ver, no sé; lo que alguien tira a la basura, ¿ sigue siendo de su propiedad?
- Creo que no, la basura es dominio público.
- Tenés razón. A través d ela basura, lo particular se hace público. Lo que sobra de nuestra vida privada se integra en las sobras de los otros. Es comunitario, es nuestra parte más social. ¿ Será así?
- Bueno, ya estás profundizando demasiado con el tema de la basura.
Creo que...
- Ayer, en tus residuos...
- ¿ Qué?
- ¿ Me equivoco o eran cáscaras de camarones?
- Acertaste. Compré unos camarones grandes y los pelé.
- Me encantan los camarones.
- Los pelé, pero todavía no los comí. Quizás pordiíamos...
- ¿ Cenar juntos?
- Claro.
- No quiero darte trabajo.
- No es ningún trabajo.
- Se te va a ensuciar la cocina.
- No es nada. En seguida se limpia todo y se tiran los restos.
- ¿ En tu bolsa o en la mía?
Un hombre y una mujer se encuentran en el palier, cada uno con su bolsa de residuos. Es la primera vez que se hablan.
- Buen día.
- Buen día.
- Usted es del 610.
- Y usted del 612.
- Si.
- Todavía no lo conocía personalmente.
- Ajá.
- Disculpe mi indiscreción, pero he visto sus bolsas de residuos...
- ¿ Mis qué?
- Sus residuos.
- Ah.
- Note que nunca es mucho. Su familia debe ser chica..
- La verdad, soy yo solo.
- Hmmm. Vi también que usa mucha comida en lata.
- Es que tengo que hacerme la comida. Y cómo no se cocinar..
- Entiendo.
- Usted también...
- Tratame de vos.
- Vos también perdoná mi indiscreción, pero vi algunos restos de comida en tus bolsas. Champiñones, cosas por el estilo...
- Es que me gusta mucho cocinar. Hacer platos diferentes. pero como vivosola, a veces sobra...
- ¿ Usted... vos no tenés familia?
- Tengo, pero no aquí.
- En Espíritu Santo.
- ¿ Cómo sabés?
- Vi unos sobres en la basura. De Espíritu Santo.
- Sí. Mamá escribe todas las semanas.
- ¿ Ella es maestra?
- ¡ Qué increíble!¿ Cómo fue que adivinaste?
- Por la letra en el sobre. Me pareció letra de maestra.
- Usted no recibe muchas cartas. A juzgar por sus residuos...
- Y.. no.
- El otro día tenía un telegrama abollado.
- Sí.
- ¿Malas noticias?
- Mi padre. Murió.
- Lo siento mucho.
- Ya estaba muy viejito. Allá en el Sur. Hace tiempo que no nos veíamos.
- ¿ Fué por eso que volviste a fumar?
- ¿ Cómo sabés?
- De un día para otro empezaron a aparecer en tu basura etiquetas de cigarrillos.
- Es cierto. Pero conseguí dejar otra vez.
- Yo, gracias a Dios, nunca fumé.
- Ya sé. Pero he visto frasquitos de pastillas en tu basura.
- Tranquilizantes. Fue una etapa. Ya pasó.
- ¿ Te peleaste con tu novio, no es cierto?
- ¿ Eso también lo descubriste en la basura?
- Primero el ramo de flores con la tarjeta, arrojado afuera. Después, muchos pañuelos de papel.
- Sí, lloré bastante, pero ya pasó.
- Pero hoy todavía veo unos pañuelitos...
- Es que estoy un poco resfriada.
- Ah.
- Muchas veces veo revistas de palabras cruzadas en tus bolsas.
- Sí..., es que.. me quedo mucho en casa. No salgo mucho, sabés.
- ¿ Novia?
- No.
- Pero hace algunos días había una foto de una mujer en tus bolsas. Y muy bonita.
- Estuve limpiando unos cajones. Cosas viejas.
- Pero no rompiste la foto. Eso significa que, en el fondo, querés que ella vuelva.
- ¡ Vos ya estás analizando mis residuos!
- No puedo negar que me interesaron.
- Qué gracioso. Cuando examiné tus bolsas, pensé que me gustaría conocerte. Creo que fue por la poesía.
- ¡ No!¿ Vos viste mis poemas?
- Los ví y me gustaron mucho.
- ¡ Pero son malísimos!
- Si realmente creyeras que son malos, los habrías roto. Solamente estaban doblados.
- Si hubiera sabiado que los hibas a leer...
- No me los quedé porque, a fin de cuentas, estaría robando. A ver, no sé; lo que alguien tira a la basura, ¿ sigue siendo de su propiedad?
- Creo que no, la basura es dominio público.
- Tenés razón. A través d ela basura, lo particular se hace público. Lo que sobra de nuestra vida privada se integra en las sobras de los otros. Es comunitario, es nuestra parte más social. ¿ Será así?
- Bueno, ya estás profundizando demasiado con el tema de la basura.
Creo que...
- Ayer, en tus residuos...
- ¿ Qué?
- ¿ Me equivoco o eran cáscaras de camarones?
- Acertaste. Compré unos camarones grandes y los pelé.
- Me encantan los camarones.
- Los pelé, pero todavía no los comí. Quizás pordiíamos...
- ¿ Cenar juntos?
- Claro.
- No quiero darte trabajo.
- No es ningún trabajo.
- Se te va a ensuciar la cocina.
- No es nada. En seguida se limpia todo y se tiran los restos.
- ¿ En tu bolsa o en la mía?
jueves, 6 de agosto de 2009
una peli para no dejar de ver

“Cada corazón es una célula revolucionaria”, dice la pintada hecha sobre la pared con aerosol rojo. Jan y Jule lograron franquear la mansión de un cerdo burgués durante su ausencia y, tras ponerla patas arriba, en medio de una suerte de bacanal revolucionaria (que incluyó brindis con champagne, zambullidas en la pileta y besos húmedos), dejaron estampada en los muros esa consigna que parecería querer reunir enamoramiento y revolución en una sola frase. No, no se trata de una escena arrancada de algún Mayo del ’68 en versión berlinesa, sino de los despolitizados albores del siglo XXI, en el mismísimo corazón de la complacida Europa. Pero la sombra del ’68 terminará volviendo sobre Jan, Jule y su amigo Peter cuando menos lo esperen y proyectada por quien menos lo esperan. Como si se tratara de un boomerang de torcida trayectoria.
Presentada en Cannes 2004 tras una ausencia de más de una década por parte del cine germanohablante en esa competencia, preestrenada con llamativa repercusión en el V Festival de Cine Alemán, premiada como mejor película por los críticos de ese país y exhibida en una enorme cantidad de festivales de primera línea, The Edukators es una de las cabezas de flota del llamativo resurgimiento experimentado durante los últimos años por el cine de ese origen. Producto de uno de los treintañeros que vienen revitalizando el cine germano versión siglo XXI, la película del austríaco Hans Weingartner comparte con los otros éxitos recientes la voluntad de revisión histórica. Si Goodbye Lenin lo hacía en relación con el comunismo caído, si La caída, Sophie Scholl y El noveno día vuelven la mirada sobre los tiempos del nazismo, Los Edukadores replantea otra cuenta pendiente –no sólo en Alemania sino en toda Europa– , como es la de las utopías revolucionarias extinguidas. Y lo hace con dosis francamente inusuales de humor, honestidad y lucidez.
“Los edukadores” es el nombre de un grupo anarco, que tiene entre otras peculiaridades la de reducirse a dos miembros. Veinteañeros, Jan (Daniel Brühl, protagonista de Goodbye Lenin y seguramente la gran estrella del reciente cine alemán) y Peter (el morocho Stipe Erceg, una suerte de Daniel Tognetti desaliñado) salen “a trabajar” por las noches. Eso es al menos lo que le dicen a la rubia Jule (Julia Jentsch, otra que pinta para estrella, luego de ésta y Sophie Scholl), que conoció a Peter tras una manifestación antiglobalización y desde ese momento es su novia. Lo que Jan y Peter en realidad hacen es saquear las casas de los ricos, los dos solos y con una kombi por base de operaciones. “Los edukadores” se caracterizan por no robar nada, sólo desordenan muebles y pertenencias. “¿Para qué lo hacen?”, pregunta Jule al enterarse. “Para asustar a los ricos”, responde Jan. “Para que cuando van al banco los tipos se sientan frágiles, expuestos, vigilados.”
Pero uno de sus operativos se complica y terminan secuestrando al tipo que acaba de ganarle un juicio millonario a Jule, que no sabe cómo hacer frente a la demanda. Los tres secuestradores y el secuestrado terminarán refugiados en una casa en las montañas, junto con una pistola de chasco y mientras los muchachos piensan cómo salir de la encerrona en la que ellos mismos se metieron. La revisión de los ’60 que emprende Hans Weingartner (cuya ópera prima, Ruido blanco, había sido muy elogiada) no se limita a confrontar el espíritu de aquella época con las constrictivas realidades de ésta. En el mismo movimiento, Weingartner (que tiene el extraño antecedente de ser neurólogo y neurocirujano) pone a la película en tensión con el cine de los ’60, tendiendo entre Jule, Jan y Peter las líneas de un triángulo amoroso que desde los propios nombres de pila remite directamente al de Jules et Jim.
Pero no es sólo la sombra de Truffaut la que conjura Los edukadores, sino también la de Godard. La desconcertante combinación de sátira política y maoísmo militante que aquél practicaba en La chinoise se ve duplicada por la ambigua mirada que Los edukadores echa sobre los protagonistas. Los espléndidos Brühl, Jentsch y Erceg aparecen a la vez como militantes idealistas, snobs de la revolución y chicos confundidos y hasta eventualmente ridiculizados. Será la confrontación con su víctima/victimario –un ex agitador del ’68, convertido en burgués absoluto– la que los haga madurar, dicho esto tanto en sentido humano como político. Junto con sus héroes muta el film en su conjunto, pasando del consignismo aparentemente irresponsable del comienzo al lucidísimo replanteo de cuestiones como los márgenes entre capitalismo y rebelión, entre acción individual y repercusión social, entre voluntarismo ideológico y madurez política. Lograr todo esto en el marco de una película que jamás deja de ser fresca, sorprendente y enormemente viva –hasta la mismísima imagen sorpresa que resignifica el final– marca un éxito nada menor para Herr Weingartner y los suyos.
8-LOS EDUKADORES
The Edukators Alemania/Austria, 2004.
Dirección: Hans Weingartner.
Guión: H. Weingartner y Katharina Held.
Fotografía: Matthias Schellenberg y Daniela Knapp.
Intérpretes: Daniel Brühl, Julia Jentsch, Stipe Erceg y Burghart Klaussner
sábado, 25 de julio de 2009
jueves, 23 de julio de 2009
The swimmer John Cheever
Hay dos tipos de personas, los seguidores de mitos y los que crean sus propios mitos. Dice Terry Eagleton que el hombre tiende a obedecer. Neddy Merrill, el protagonista de “El Nadador” (“The Swimmer” en el original inglés), también disfruta del chalet, la familia, los amigos y las piscinas, sólo que tiene una personalidad más marcada, es un vitalista, quiere dar sentido a su tarde de domingo, es exigente con su vida, no se resigna a la mediocridad de estar haciendo lo que todos. Luego veremos que es un romántico, un iluso y quizás también, la religión ha hecho más mella en él que en los otros porque es un hombre de fina sensibilidad y necesita dar valor a su vida con una gesta que le ennoblezca. Es un señor, un hombre honorable, amable. No es un mediocre.
El cuento plantea de manera muy visual, rico en imágenes, el recorrido. Se le ha ocurrido nadar hasta su casa por las piscinas de vecinos y amigos. Lo suyo es un peregrinaje, necesita ser original, hacer algo, celebrar la vida. Ya no hay ríos que vadear, en los conjuntos residenciales lo único que queda del mundo natural es el agua clorada de las piscinas.
El lector siente la nostalgia de otros tiempos que nos remontarían al Oeste americano donde sí había lugares por descubrir, y siente ese confinamiento, esa idea de cárcel que hemos creado con la sociedad de consumo y de la que nuestra naturaleza salvaje, si no la ocultamos con buenas caras, se quiere escapar todo el tiempo.
Riesman habla de tipos de personas, de ellos yo me centro en dos: los tradicionales y los fieles a sí mismos. El Nadador plantea también el tema del iluso tan comúnmente asociado a la inocencia americana. Neddy empieza su aventurilla, que en otros tiempos le habría ennoblecido, y el mundo le da la espalda, se ríe de él y le convierte en raro. La hostilidad de los demás hacia él se inicia cuando abandona, eso sí, con una sonrisa, los cánones de educación que todos mantienen. Va de visita porque su interés es nadar por la piscina como parte de su misión inventada, pero los otros quieren que les entretenga el día, que charle con ellos, que no se salte las reglas de conducta para las que viven y que en ellos es su única esencia: entretener y que me entretengan, recibir en casa. Todavía estamos ante la sociedad victoriana, en realidad no nos hemos alejado tanto de las exigencias que describe Edith Wharton en La Edad de la Inocencia, un solo fin, el de quedar bien, tan empobrecedor y de metas tan recortadas como los contornos de las piscinas del nadador.
Ser uno, ser singular, se paga duro y nos aleja para siempre del pacto social, lo único que realmente cuenta, la única norma. El final de “El Nadador”refleja exactamente la experiencia de lo que el hombre sensible siente, le han suprimido. Los otros, con miras muy recortadas, disfrutan del día de sol, domingo, junto a la piscina y sobre todo ¡oh maravilla! …sin hacer nada. Una responsabilidad que la propia sociedad propicia y respalda.
Burt Lancaster protagonizó la película que da vida al relato, con planos de detalle que repetidamente captan los ojos azules de soñador y sus miras intactas lamentablemente recortadas. El proceso lleva a la conmiseración por las víctimas que somos todos nosotros, embaucados por el bienestar, enganchados por la droga del poder del dinero, las amistades y el lujo. El final de la historia, el empequeñecimiento del ser humano. Íntimamente así nos hemos quedado. Para leer o releer el relato:
El cuento plantea de manera muy visual, rico en imágenes, el recorrido. Se le ha ocurrido nadar hasta su casa por las piscinas de vecinos y amigos. Lo suyo es un peregrinaje, necesita ser original, hacer algo, celebrar la vida. Ya no hay ríos que vadear, en los conjuntos residenciales lo único que queda del mundo natural es el agua clorada de las piscinas.
El lector siente la nostalgia de otros tiempos que nos remontarían al Oeste americano donde sí había lugares por descubrir, y siente ese confinamiento, esa idea de cárcel que hemos creado con la sociedad de consumo y de la que nuestra naturaleza salvaje, si no la ocultamos con buenas caras, se quiere escapar todo el tiempo.
Riesman habla de tipos de personas, de ellos yo me centro en dos: los tradicionales y los fieles a sí mismos. El Nadador plantea también el tema del iluso tan comúnmente asociado a la inocencia americana. Neddy empieza su aventurilla, que en otros tiempos le habría ennoblecido, y el mundo le da la espalda, se ríe de él y le convierte en raro. La hostilidad de los demás hacia él se inicia cuando abandona, eso sí, con una sonrisa, los cánones de educación que todos mantienen. Va de visita porque su interés es nadar por la piscina como parte de su misión inventada, pero los otros quieren que les entretenga el día, que charle con ellos, que no se salte las reglas de conducta para las que viven y que en ellos es su única esencia: entretener y que me entretengan, recibir en casa. Todavía estamos ante la sociedad victoriana, en realidad no nos hemos alejado tanto de las exigencias que describe Edith Wharton en La Edad de la Inocencia, un solo fin, el de quedar bien, tan empobrecedor y de metas tan recortadas como los contornos de las piscinas del nadador.
Ser uno, ser singular, se paga duro y nos aleja para siempre del pacto social, lo único que realmente cuenta, la única norma. El final de “El Nadador”refleja exactamente la experiencia de lo que el hombre sensible siente, le han suprimido. Los otros, con miras muy recortadas, disfrutan del día de sol, domingo, junto a la piscina y sobre todo ¡oh maravilla! …sin hacer nada. Una responsabilidad que la propia sociedad propicia y respalda.
Burt Lancaster protagonizó la película que da vida al relato, con planos de detalle que repetidamente captan los ojos azules de soñador y sus miras intactas lamentablemente recortadas. El proceso lleva a la conmiseración por las víctimas que somos todos nosotros, embaucados por el bienestar, enganchados por la droga del poder del dinero, las amistades y el lujo. El final de la historia, el empequeñecimiento del ser humano. Íntimamente así nos hemos quedado. Para leer o releer el relato:
Por qué leer?

Se dan muchas razones para leer, pero creo que hay una que es indiscutible. La vida, leyendo, es mucho más interesante. ¿Por qué? Porque se nos abren miles de posibilidades de vincularnos al mundo. Lo importante es que los libros cuenten algo que no hayamos pensado antes y que los lectores sepamos verlo.Se puede confundir al lector con alguien que no vive, como si en el proceso de lectura te estuvieras perdiendo algo vital, pero ese tipo de lector, que no es capaz de relacionar su lectura con la vida, es el que lee sólo como entretenimiento, contrario a la lectura, o el que utiliza la lectura como un sustituto de la vida. El que sabe leer cambia con una buena lectura. Los cambios no son radicales, son pequeños conocimientos que pueden romper con actitudes enquistadas o que pueden abrir campos impensables. El aburrimiento es un mal endémico de nuestra época que no cura el entretenimiento, porque olvidar un rato no aporta nada. Sin embargo, encontrarnos con personajes que piensan, valoran y toman decisiones ante la vida, sí que configura nuestro punto de vista, nuestra forma de ver el mundo. La literatura y la filosofía buscan lo mismo, pero el lenguaje literario es capaz de encarnar ideas en actos de personajes, de manera que el pensamiento no es abstracto, sino artístico, es decir, con participación de la emoción, con articulación de sentimientos. Hay un vínculo real con la historia que se cuenta, se despierta el pensamiento y el aburrimiento cae al convertirnos en buscadores de sentido.
viernes, 17 de julio de 2009
Un soneto de amor...
Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.
Lope de Vega
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.
Lope de Vega
jueves, 16 de julio de 2009
miércoles, 15 de julio de 2009
una seriéfaga empedernida...
Mis amigos ya lo saben...me gusta el cine, demasiado...pero después de convertirme en adicta a la serie Lost me he convertido en una seriéfaga adicta. En espera de la 6º temporada de lost (ya he publicado algunas entradas), me enganché con Los Sopranos, Mad men y ahora Weeds (Hierbas).
Como toda seriéfaga intento que mis amigos, conocidos y extraños se enganchen también. Aquí va la letra de la canción que presenta la serie Weeds(no sólo refleja a la clase media estadounidense) hay muchas tremendas coincidencias con nuestro pequeño gran pueblo.
Little boxes on the hillside,
Little boxes made of ticky-tacky,
Little boxes, little boxes,
Little boxes, just the same.
There's a green one and a pink one
And a blue one and a yellow one
And they're all made out of ticky-tacky
And they all look just the same.
And the people in the houses
All ran to the university,
And they were put in boxes,
And they came out all the same
There's a doctor and a lawyer
And a business executive,
And they're all made out of ticky-tacky
And they all look just the same.
Como toda seriéfaga intento que mis amigos, conocidos y extraños se enganchen también. Aquí va la letra de la canción que presenta la serie Weeds(no sólo refleja a la clase media estadounidense) hay muchas tremendas coincidencias con nuestro pequeño gran pueblo.
Little boxes on the hillside,
Little boxes made of ticky-tacky,
Little boxes, little boxes,
Little boxes, just the same.
There's a green one and a pink one
And a blue one and a yellow one
And they're all made out of ticky-tacky
And they all look just the same.
And the people in the houses
All ran to the university,
And they were put in boxes,
And they came out all the same
There's a doctor and a lawyer
And a business executive,
And they're all made out of ticky-tacky
And they all look just the same.
Cada ciudad puede ser otra
Una amiga me ha mandado este poema. Demasiadas coincidencias con la ciudad que presenta el yo poético... no?????????
Cada ciudad puede ser otra
Cada ciudad puede ser otra
cuando el amor la transfigura
cada ciudad puede ser tantas
como amorosos la recorren
el amor pasa por los parques
casi sin verlos amándolos
entre la fiesta de los pájaros
y la homilía de los pinos
cada ciudad puede ser otra
cuando el amor pinta los muros
y de los rostros que atardecen
uno es el rostro del amor
y el amor viene y va y regresa
y la ciudad es el testigo
de sus abrazos y crepúsculos
de sus bonanzas y aguaceros
y si el amor se va y no vuelve
la ciudad carga con su otoño
ya que le quedan sólo el duelo
y las estatuas del amo
Mario Benedetti
lunes, 16 de marzo de 2009
miles davis para todos

Si estás de mal humor o ya no soportás alguna situación molesta o estresante por la que estás pasando, la solución es más fácil de lo que vos pensabas (aparte de ir a un psicológo).
Lo único que tenés que hacer es poner en el reproductor de cd (o dvd, lo que tenga a mano), algún disco del Gran Miles...o mejor poné este y dejalo que suene de "cortina", de banda de sonido de tu día.
Vas a ver como después de la segunda escuchada todo empieza a cambiar. Y de repente estás pensando en lo que esta sonando, y se te dibuja automáticamente una sonrisa en la cara.
Ahora mi pregunta es otra:¿cómo puede el tipo que hace esta música, unos cuántos años después, hacer otra totalmente distinta como las "Bitches Brew"?
Evidentemente, y vuelvo a repetirlo, estamos ante un músico tan genial que ni el sabía lo que hacía. Y mucho menos sabía lo que provoca(ba) en cada uno de los que nos acercamos a su música.
En el momento que hice la reseña de "Bitches...", Svengali (lean ese blog que está muy bueno, de verdad) me dijo que no le parecía lo mejor de Miles. Sentado enfrente del equipo escuchando este disco, no lo puedo creer.
Leyendo, llego a entender el porqué de semejante disco: unas de las mejores formaciones de Jazz de la historia (Miles, Coltrane, Bill Evans, Cannonball Aderley, Paul Chambers y Jimmy Cobb), improvisando mientras Miles grababa todo lo que se estaba tocando.
Supongo que cuando les dijo, y los otros le dijeron "¿pero cómo vas a hacer esto...?", Miles les puede haber respondido en tono sobrador: "¿So what?". Después de todo para ese entonces el ya era MILES DAVIS (si, si, los demás también ya estaban dentro de la historia del Jazz también). Uno de los 5 mejores discos de la historia del Jazz, y es pura improvisación y deleite, si no se dan cuenta lo que estos tipos disfrutan tocando en este disco, es porque sencillamente están sordos.
Prueben, van a ver que no estoy exagerando.
Lo único que tenés que hacer es poner en el reproductor de cd (o dvd, lo que tenga a mano), algún disco del Gran Miles...o mejor poné este y dejalo que suene de "cortina", de banda de sonido de tu día.
Vas a ver como después de la segunda escuchada todo empieza a cambiar. Y de repente estás pensando en lo que esta sonando, y se te dibuja automáticamente una sonrisa en la cara.
Ahora mi pregunta es otra:¿cómo puede el tipo que hace esta música, unos cuántos años después, hacer otra totalmente distinta como las "Bitches Brew"?
Evidentemente, y vuelvo a repetirlo, estamos ante un músico tan genial que ni el sabía lo que hacía. Y mucho menos sabía lo que provoca(ba) en cada uno de los que nos acercamos a su música.
En el momento que hice la reseña de "Bitches...", Svengali (lean ese blog que está muy bueno, de verdad) me dijo que no le parecía lo mejor de Miles. Sentado enfrente del equipo escuchando este disco, no lo puedo creer.
Leyendo, llego a entender el porqué de semejante disco: unas de las mejores formaciones de Jazz de la historia (Miles, Coltrane, Bill Evans, Cannonball Aderley, Paul Chambers y Jimmy Cobb), improvisando mientras Miles grababa todo lo que se estaba tocando.
Supongo que cuando les dijo, y los otros le dijeron "¿pero cómo vas a hacer esto...?", Miles les puede haber respondido en tono sobrador: "¿So what?". Después de todo para ese entonces el ya era MILES DAVIS (si, si, los demás también ya estaban dentro de la historia del Jazz también). Uno de los 5 mejores discos de la historia del Jazz, y es pura improvisación y deleite, si no se dan cuenta lo que estos tipos disfrutan tocando en este disco, es porque sencillamente están sordos.
Prueben, van a ver que no estoy exagerando.
Releyendo a Poe " La máscara de la muerte roja"
La "Muerte Roja" había devastado el país durante largo tiempo. Jamás una peste había sido tan fatal y tan espantosa. La sangre era encarnación y su sello: el rojo y el horror de la sangre. Comenzaba con agudos dolores, un vértigo repentino, y luego los poros sangraban y sobrevenía la muerte. Las manchas escarlata en el cuerpo y la cara de la víctima eran el bando de la peste, que la aislaba de toda ayuda y de toda simpatía, y la invasión, progreso y fin de la enfermedad se cumplían en media hora.Pero el príncipe Próspero era feliz, intrépido y sagaz. Cuando sus dominios quedaron semidespoblados llamó a su lado a mil caballeros y damas de su corte, y se retiró con ellos al seguro encierro de una de sus abadías fortificadas. Era ésta de amplia y magnífica construcción y había sido creada por el excéntrico aunque majestuoso gusto del príncipe. Una sólida y altísima muralla la circundaba. Las puertas de la muralla eran de hierro. Una vez adentro, los cortesanos trajeron fraguas y pesados martillos y soldaron los cerrojos. Habían resuelto no dejar ninguna vía de ingreso o de salida a los súbitos impulsos de la desesperación o del frenesí. La abadía estaba ampliamente aprovisionada. Con precauciones semejantes, los cortesanos podían desafiar el contagio. Que el mundo exterior se las arreglara por su cuenta; entretanto era una locura afligirse. El príncipe había reunido todo lo necesario para los placeres. Había bufones, improvisadores, bailarines y músicos; había hermosura y vino. Todo eso y la seguridad estaban del lado de adentro. Afuera estaba la Muerte Roja.Al cumplirse el quinto o sexto mes de su reclusión, y cuando la peste hacía los más terribles estragos, el príncipe Próspero ofreció a sus mil amigos un baile de máscaras de la más insólita magnificencia.Aquella mascarada era un cuadro voluptuoso, pero permitan que antes les describa los salones donde se celebraba. Eran siete -una serie imperial de estancias-. En la mayoría de los palacios, la sucesión de salones forma una larga galería en línea recta, pues las dobles puertas se abren hasta adosarse a las paredes, permitiendo que la vista alcance la totalidad de la galería. Pero aquí se trataba de algo muy distinto, como cabía esperar del amor del príncipe por lo extraño. Las estancias se hallaban dispuestas con tal irregularidad que la visión no podía abarcar más de una a la vez. Cada veinte o treinta metros había un brusco recodo, y en cada uno nacía un nuevo efecto. A derecha e izquierda, en mitad de la pared, una alta y estrecha ventana gótica daba a un corredor cerrado que seguía el contorno de la serie de salones. Las ventanas tenían vitrales cuya coloración variaba con el tono dominante de la decoración del aposento. Si, por ejemplo, la cámara de la extremidad oriental tenía tapicerías azules, vívidamente azules eran sus ventanas. La segunda estancia ostentaba tapicerías y ornamentos purpúreos, y aquí los vitrales eran púrpura. La tercera era enteramente verde, y lo mismo los cristales. La cuarta había sido decorada e iluminada con tono naranja; la quinta, con blanco; la sexta, con violeta. El séptimo aposento aparecía completamente cubierto de colgaduras de terciopelo negro, que abarcaban el techo y la paredes, cayendo en pliegues sobre una alfombra del mismo material y tonalidad. Pero en esta cámara el color de las ventanas no correspondía a la decoración. Los cristales eran escarlata, tenían un color de sangre.A pesar de la profusión de ornamentos de oro que aparecían aquí y allá o colgaban de los techos, en aquellas siete estancias no había lámparas ni candelabros. Las cámaras no estaban iluminadas con bujías o arañas. Pero en los corredores paralelos a la galería, y opuestos a cada ventana, se alzaban pesados trípodes que sostenían un ígneo brasero cuyos rayos se proyectaban a través de los cristales teñidos e iluminaban brillantemente cada estancia. Producían en esa forma multitud de resplandores tan vivos como fantásticos. Pero en la cámara del poniente, la cámara negra, el fuego que a través de los cristales de color de sangre se derramaba sobre las sombrías colgaduras, producía un efecto terriblemente siniestro, y daba una coloración tan extraña a los rostros de quienes penetraban en ella, que pocos eran lo bastante audaces para poner allí los pies. En este aposento, contra la pared del poniente, se apoyaba un gigantesco reloj de ébano. Su péndulo se balanceaba con un resonar sordo, pesado, monótono; y cuando el minutero había completado su circuito y la hora iba a sonar, de las entrañas de bronce del mecanismo nacía un tañido claro y resonante, lleno de música; mas su tono y su énfasis eran tales que, a cada hora, los músicos de la orquesta se veían obligados a interrumpir momentáneamente su ejecución para escuchar el sonido, y las parejas danzantes cesaban por fuerza sus evoluciones; durante un momento, en aquella alegre sociedad reinaba el desconcierto; y, mientras aún resonaban los tañidos del reloj, era posible observar que los más atolondrados palidecían y los de más edad y reflexión se pasaban la mano por la frente, como si se entregaran a una confusa meditación o a un ensueño. Pero apenas los ecos cesaban del todo, livianas risas nacían en la asamblea; los músicos se miraban entre sí, como sonriendo de su insensata nerviosidad, mientras se prometían en voz baja que el siguiente tañido del reloj no provocaría en ellos una emoción semejante. Mas, al cabo de sesenta y tres mil seiscientos segundos del Tiempo que huye, el reloj daba otra vez la hora, y otra vez nacían el desconcierto, el temblor y la meditación.Pese a ello, la fiesta era alegre y magnífica. El príncipe tenía gustos singulares. Sus ojos se mostraban especialmente sensibles a los colores y sus efectos. Desdeñaba los caprichos de la mera moda. Sus planes eran audaces y ardientes, sus concepciones brillaban con bárbaro esplendor. Algunos podrían haber creído que estaba loco. Sus cortesanos sentían que no era así. Era necesario oírlo, verlo y tocarlo para tener la seguridad de que no lo estaba. El príncipe se había ocupado personalmente de gran parte de la decoración de las siete salas destinadas a la gran fiesta, su gusto había guiado la elección de los disfraces.Grotescos eran éstos, a no dudarlo. Reinaba en ellos el brillo, el esplendor, lo picante y lo fantasmagórico. Veíanse figuras de arabesco, con siluetas y atuendos incongruentes, veíanse fantasías delirantes, como las que aman los locos. En verdad, en aquellas siete cámaras se movía, de un lado a otro, una multitud de sueños. Y aquellos sueños se contorsionaban en todas partes, cambiando de color al pasar por los aposentos, y haciendo que la extraña música de la orquesta pareciera el eco de sus pasos.Mas otra vez tañe el reloj que se alza en el aposento de terciopelo. Por un momento todo queda inmóvil; todo es silencio, salvo la voz del reloj. Los sueños están helados, rígidos en sus posturas. Pero los ecos del tañido se pierden -apenas han durado un instante- y una risa ligera, a medias sofocada, flota tras ellos en su fuga. Otra vez crece la música, viven los sueños, contorsionándose al pasar por las ventanas, por las cuales irrumpen los rayos de los trípodes. Mas en la cámara que da al oeste ninguna máscara se aventura, pues la noche avanza y una luz más roja se filtra por los cristales de color de sangre; aterradora es la tiniebla de las colgaduras negras; y, para aquél cuyo pie se pose en la sombría alfombra, brota del reloj de ébano un ahogado resonar mucho más solemne que los que alcanzan a oír las máscaras entregadas a la lejana alegría de las otras estancias.Congregábase densa multitud en estas últimas, donde afiebradamente latía el corazón de la vida. Continuaba la fiesta en su torbellino hasta el momento en que comenzaron a oírse los tañidos del reloj anunciando la medianoche. Calló entonces la música, como ya he dicho, y las evoluciones de los que bailaban se interrumpieron; y como antes, se produjo en todo una cesacion angustiosa. Mas esta vez el reloj debía tañer doce campanadas, y quizá por eso ocurrió que los pensamientos invadieron en mayor número las meditaciones de aquellos que reflexionaban entre la multitud entregada a la fiesta. Y quizá también por eso ocurrió que, antes de que los últimos ecos del carrillón se hubieran hundido en el silencio, muchos de los concurrentes tuvieron tiempo para advertir la presencia de una figura enmascarada que hasta entonces no había llamado la atención de nadie. Y, habiendo corrido en un susurro la noticia de aquella nueva presencia, alzóse al final un rumor que expresaba desaprobación, sorpresa y, finalmente, espanto, horror y repugnancia. En una asamblea de fantasmas como la que acabo de describir es de imaginar que una aparición ordinaria no hubiera provocado semejante conmoción. El desenfreno de aquella mascarada no tenía límites, pero la figura en cuestión lo ultrapasaba e iba incluso más allá de lo que el liberal criterio del príncipe toleraba. En el corazón de los más temerarios hay cuerdas que no pueden tocarse sin emoción. Aún el más relajado de los seres, para quien la vida y la muerte son igualmente un juego, sabe que hay cosas con las cuales no se puede jugar. Los concurrentes parecían sentir en lo más hondo que el traje y la apariencia del desconocido no revelaban ni ingenio ni decoro. Su figura, alta y flaca, estaba envuelta de la cabeza a los pies en una mortaja. La máscara que ocultaba el rostro se parecía de tal manera al semblante de un cadáver ya rígido, que el escrutinio más detallado se habría visto en dificultades para descubrir el engaño. Cierto, aquella frenética concurrencia podía tolerar, si no aprobar, semejante disfraz. Pero el enmascarado se había atrevido a asumir las apariencias de la Muerte Roja. Su mortaja estaba salpicada de sangre, y su amplia frente, así como el rostro, aparecían manchados por el horror escarlata.Cuando los ojos del príncipe Próspero cayeron sobre la espectral imagen (que ahora, con un movimiento lento y solemne como para dar relieve a su papel, se paseaba entre los bailarines), convulsionóse en el primer momento con un estremecimiento de terror o de disgusto; pero inmediatamente su frente enrojeció de rabia.-¿Quién se atreve -preguntó, con voz ronca, a los cortesanos que lo rodeaban-, quién se atreve a insultarnos con esta burla blasfematoria? ¡Apodérense de él y desenmascárenlo, para que sepamos a quién vamos a ahorcar al alba en las almenas!Al pronunciar estas palabras, el príncipe Próspero se hallaba en el aposento del este, el aposento azul. Sus acentos resonaron alta y claramente en las siete estancias, pues el príncipe era hombre temerario y robusto, y la música acababa de cesar a una señal de su mano.Con un grupo de pálidos cortesanos a su lado hallábase el príncipe en el aposento azul. Apenas hubo hablado, los presentes hicieron un movimiento en dirección al intruso, quien, en ese instante, se hallaba a su alcance y se acercaba al príncipe con paso sereno y cuidadoso. Mas la indecible aprensión que la insana apariencia de enmascarado había producido en los cortesanos impidió que nadie alzara la mano para detenerlo; y así, sin impedimentos, pasó éste a un metro del príncipe, y, mientras la vasta concurrencia retrocedía en un solo impulso hasta pegarse a las paredes, siguió andando ininterrumpidamente pero con el mismo y solemne paso que desde el principio lo había distinguido. Y de la cámara azul pasó la púrpura, de la púrpura a la verde, de la verde a la anaranjada, desde ésta a la blanca y de allí, a la violeta antes de que nadie se hubiera decidido a detenerlo. Mas entonces el príncipe Próspero, enloquecido por la ira y la vergüenza de su momentánea cobardía, se lanzó a la carrera a través de los seis aposentos, sin que nadie lo siguiera por el mortal terror que a todos paralizaba. Puñal en mano, acercóse impetuosamente hasta llegar a tres o cuatro pasos de la figura, que seguía alejándose, cuando ésta, al alcanzar el extremo del aposento de terciopelo, se volvió de golpe y enfrentó a su perseguidor. Oyóse un agudo grito, mientras el puñal caía resplandeciente sobre la negra alfombra, y el príncipe Próspero se desplomaba muerto. Poseídos por el terrible coraje de la desesperación, numerosas máscaras se lanzaron al aposento negro; pero, al apoderarse del desconocido, cuya alta figura permanecía erecta e inmóvil a la sombra del reloj de ébano, retrocedieron con inexpresable horror al descubrir que el sudario y la máscara cadavérica que con tanta rudeza habían aferrado no contenían ninguna figura tangible.Y entonces reconocieron la presencia de la Muerte Roja. Había venido como un ladrón en la noche. Y uno por uno cayeron los convidados en las salas de orgía manchadas de sangre y cada uno murió en la desesperada actitud de su caida. Y la vida del reloj de ébano se apagó con la del último de aquellos alegres seres. Y las llamas de los trípodes expiraron. Y las tinieblas, y la corrupción, y la Muerte Roja lo dominaron todo.
Led Zeppelin

Veamos. Realmente es difícil. ¿Si llegaran los extraterrestres, qué música les harías escuchar? Obviamente no se puede contar ni al Gran Jimi ni al Gran Miles, seres que si bien fueron músicos brillantes no pertenecían a este espantoso planeta.
Las opciones se reducen considerablemente. Mucho menos se les podría hacer escuchar a toda esa basura pseudolatina tipo Shakira, Ricky Martin y demás estúpidos pachangueros parecidos, ya que estaba preguntando inicialmente por MÚSICA, y no por la forma de demostrarles que la estupidez humana no tiene límites.
Menos opciones aún. De todas formas sigue siendo un problema, ya que por la década del '60 había seres humanos que hacían música que parecían provenir del espacio exterior: ejemplos hay de sobra, pero se puede citar unos cuántos, como Janis Joplin, Iggie Pop, Frank Zappa ( a no ese también era un alien haciéndose pasar por humano), The Beatles, Rolling Stones...ah, ah, ah.
Obviamente que The Beatles sería una de las opciones más creíbles, pero hoy no tengo ganas.
Bueno en realidad en la banda que formara su guitarrista Jimmy Page para continuar ese proyecto que estaba parado. Y llamó a un par de músicos sesionistas conocidos: el que quedó fue J.Paul Jones (multiinstrumentista, encargado del bajo y los teclados). Los otros convocados no podían, pero tuvieron la idea de recomendarles a un baterista de una banda Hippie llamada Band Of Joy, el genial John "Bonzo" Bonham y su vocalista, Roberto Plant.Las opciones se reducen considerablemente. Mucho menos se les podría hacer escuchar a toda esa basura pseudolatina tipo Shakira, Ricky Martin y demás estúpidos pachangueros parecidos, ya que estaba preguntando inicialmente por MÚSICA, y no por la forma de demostrarles que la estupidez humana no tiene límites.
Menos opciones aún. De todas formas sigue siendo un problema, ya que por la década del '60 había seres humanos que hacían música que parecían provenir del espacio exterior: ejemplos hay de sobra, pero se puede citar unos cuántos, como Janis Joplin, Iggie Pop, Frank Zappa ( a no ese también era un alien haciéndose pasar por humano), The Beatles, Rolling Stones...ah, ah, ah.
Obviamente que The Beatles sería una de las opciones más creíbles, pero hoy no tengo ganas.
Nadie daba un mango por la banda, si así como lo leen, nadie. Se meten en el estudio de grabación y terminan esta bestialidad, grabada en tomas en vivo.
Lean la lista de temas y díganme que no los conocen. Si es así, los extraterrestres que vivieron en un frasco de plástico sin oxígeno son ustedes.
¿Cómo no electrizarse con ese comienzo del disco monumental de "Good Times, Bad Times"? ¿Como no sucumbir ante ese Blues triste y melancólico de "Babe I'm gonna Leave You"? Y esos hermosos y arrastrados Rock's en clave de Blues experimental de "You Shook Me" y "Dazed and Confused" (este sobre todo con su aire oscuro y llevado al extremo de la experimentación en vivo).
O también esas canciones donde muestran que también era posible tomar influencias de la música celta y el Folk inglés como "Your Time is Gonna Come" y "Black Moutain Side".
¿Y que me dicen del Riff de "Comunication Breakdown"?. Solo es comparable a obras posteriores de los mismos Zepp's, y a algún tema de los dioses del metal Black Sabbath. De más está decir que los otros dos temas, por más de que escriba restantes, no están de relleno, ya que también sucumbimos a ellos mientras se reproducen a elevadísimo volumen en nuestro equipo de audio: "How Many More Times" y "I can't quit you baby". En todas las canciones se lucen los cuatro, dejándonos aprender lo que significa que haya química en una banda, y no que sea un simple rejunte de individualidades.
¿Ven la tapa del disco? Ese gran Zeppelin incendiándose y viniéndose abajo. Bueno, eso es lo que nos pasa a los que escuchamos a esta banda. Nuestro cerebro y las vías sensoriales que a él conducen se desarman frente a tamaña demostración de ingenio y sensibilidad. En todos lados dicen que es una de las bandas creadoras del Heavy Metal. Nada más alejado de la realidad.
Esto es PURO ROCK. (¿No serán estos también extraterrestres, no?)
miércoles, 25 de febrero de 2009
Lo bello y lo triste Kawabata

La historia de un viejo amor que subsiste aun después de muchos años tiene algo de esperanzador, por más que conduzca a un final trágico y abrupto. Me refiero a Lo bello y lo triste, de Yasunari Kawabata.
De qué se trata
Un hombre casado vive una apasionada historia de amor con una niña de quince años a la que abandona pero jamás olvida. Más de veinte años después una excusa trivial lleva al reencuentro con esa mujer devenida en artista, desatando remordimientos, suspicacias, celos y pasiones al constatar que aquel fulgor aun sigue vivo en ambos protagonistas.Mas también es la historia de una venganza, consumada por personajes secundarios que toman parte en el relato, haciendo que se torne de hondo patetismo dramático, como solo un maestro de la literatura oriental, con sus pausas, sus silencios y sus tiempos podría desarrollar.
Un hombre casado vive una apasionada historia de amor con una niña de quince años a la que abandona pero jamás olvida. Más de veinte años después una excusa trivial lleva al reencuentro con esa mujer devenida en artista, desatando remordimientos, suspicacias, celos y pasiones al constatar que aquel fulgor aun sigue vivo en ambos protagonistas.Mas también es la historia de una venganza, consumada por personajes secundarios que toman parte en el relato, haciendo que se torne de hondo patetismo dramático, como solo un maestro de la literatura oriental, con sus pausas, sus silencios y sus tiempos podría desarrollar.
Qué destaqué
Las novelas de Kawabata parecen caracterizarse por bucear en el alma humana en aquello que tiene de pasional e irracional. Tanto en esta como en otras obras sus personajes toman comportamientos caprichosos, cercanos a lo infantil y no por eso menos verosímiles. Por otra parte, sólo en una cultura milenaria y tradicional como la japonesa puede subsistir a través del tiempo el cuestionamiento sobre el honor, la deshonra y el perdón (valores tan devaluados actualmente en la cultura occidental).Tanto el abandono, como la pérdida de un hijo y el tiempo transcurrido no son impedimentos para el resurgir de ese sentimiento que se mantuvo oculto durante años y que arremete feroz ya en plena madurez, con la fuerza que le otorga la plena conciencia de ser el gran amor en la vida de ambos, aun en un fugaz y efímero resplandor final.
Qué me dejó
Desde el principio, un texto costumbrista en el que se parte con la posibilidad de un encuentro siempre postergado, va ganando en tensión a medida que transcurre el relato, llegando a un final tan inesperado como sorprendente, en la plenitud de la expresión psicológica de sus personajes.Es esto lo que demuestra el arte del escritor japonés, que con pocos roles principales construye una obra donde abundan las medias palabras, las reflexiones de cada personaje, insertos en una tradición local que por momentos abruma, pero también lo vuelve creíble. Es ese respeto tan propio de la cultura oriental el que baña por completo esta fabulosa y entrañable historia de amor, tan poética como adorable.
Para leer hasta fines del siglo XXI
Lunes, 23 de Febrero de 2009
LOS LIBROS QUE SE PUBLICARAN EN LA TEMPORADA 2009
La diversidad y la proliferación de títulos que se conocerán este año confirman que en tiempos de crisis los libros son un valor de refugio. Una generosa oferta literaria canalizada tanto a través de sellos multinacionales como de editoriales independientes.
LOS LIBROS QUE SE PUBLICARAN EN LA TEMPORADA 2009
La diversidad y la proliferación de títulos que se conocerán este año confirman que en tiempos de crisis los libros son un valor de refugio. Una generosa oferta literaria canalizada tanto a través de sellos multinacionales como de editoriales independientes.
Por Silvina Friera
En épocas de vacas flacas, de desplomes de bolsas y recesión económica, el mundo editorial, que no es una isla en medio del océano de la crisis, por ahora intenta mantenerse a salvo. O a flote. Las editoriales se preparan para afrontar un año incierto con muchas y variadas novedades de Milan Kundera, Sándor Márai, Irene Nemirovsky, Philip Roth, Doris Lessing, Haruki Murakami, Hanif Kureishi, Orhan Pamuk, J. M. Coetzee, Jean-Marie Gustave Le Clézio, Toni Morrison, Joyce Carol Oates, Gianni Vattimo, Michel Onfray, Siri Hustvedt, Amélie Nothomb, Leonardo Sciascia, John McGahern, Patrick Modiano, Petros Markaris, Leonard Cohen, Irvine Welsh, Milena Agus, Roberto Saviano, Muriel Spark, Carlos Fuentes, Ariel Dorfman, Laura Restrepo, Mario Levrero, Armonía Sommers, Mario Bellatin, Fabio Morábito, Santiago Roncagliolo y José Watanabe, entre otros. En narrativa, ensayo, teatro y poesía argentina se publicará un inédito de Julio Cortázar, saldrán libros de Roberto Fontanarrosa, Ana María Shua, José Pablo Feinmann, Horacio Verbitsky, Tomás Eloy Martínez, Daniel Link, Diana Bellessi, Perla Rotzait, Edgardo Cozarinsky, Sergio Bizzio, Damián Tabarovsky, Juan Filloy, Amelia Biagioni, Manuel Puig, Federico Andahazi, Alicia Dujovne Ortiz, Ariel Magnus, Oliverio Coelho, Leonardo Oyola, Juan Terranova, Cristian Alarcón, Juan Diego Incardona y Claudio Zeiger, entre otros.
Efecto Obama
En junio se distribuirá Una bendición (Mondadori), la nueva novela de Toni Morrison. Otra alegría llegará con La hija del sepulturero (Alfaguara), de la gran narradora norteamericana Joyce Carol Oates, eterna candidata al Premio Nobel de Literatura. En Indignación (Mondadori), Philip Roth cuenta las vicisitudes de la educación de un joven con el trasfondo de la guerra de Corea. También este año habrá más Roth para empacharse, con otra novela, Nuestra pandilla. En marzo arribará a estos puertos la nueva novela de Siri Hustvedt, Elegía para un americano (Anagrama), en la que dos hermanos –él psicoanalista, ella escritora– intentan reconstruir la historia de su familia después de la muerte del padre. Es para celebrar la edición de los Cuentos reunidos de Sher- wood Anderson (1876-1941), gran narrador estadounidense y maestro de la técnica del relato corto, y la publicación de la primera novela de Nicole Krauss, Man walks into a room (Salamandra). Presencia (Tusquets), de Arthur Miller, es una selección de sus mejores relatos publicados en The New Yorker, Harper’s y Esquire.
Cadencias europeas y del más allá
Del reciente Premio Nobel de Literatura, el francés Jean-Marie Gustave Le Clézio, se publicará su última novela, La música del hambre (Adriana Hidalgo), traducida por la poeta Juana Bignozzi. En marzo se lanzarán otras novelas de Le Clézio: Desierto y Onitsa (Tusquets). Habrá también dos nuevas novelas de premios Nobel: Tierra de poniente, de Coetzee, y El museo de la inocencia, de Pamuk (ambas por Mondadori). Ya está circulando por las librerías Otros colores, de Pamuk, y Cuentos europeos (Lumen), de Lessing. Pronto se editará Diario (Anagrama), de Hélène Berr, escrito entre abril de 1942 y marzo de 1944, en el París de la ocupación nazi, prologado por Patrick Modiano (que publicará, también por Anagrama, Calle de las tiendas oscuras). Amélie Nothomb, una de las autoras francesas más populares y con mayor proyección internacional, publicará Ni Eva ni de Adán (Anagrama). Otro francés que aterrizará en las librerías argentinas es Mathias Enard con su novela Zona (Norma).
Una nueva joya de Irene Nemirovsky, Maestro de almas (Salamandra), publicada originalmente por entregas en el semanario Gringoire entre mayo y agosto de 1939, en víspera de la Segunda Guerra Mundial, llegará en abril. De Sebastian Barry, autor irlandés finalista dos veces del Man Brooker Prize for Fiction en 2005 y 2008, se acaba de publicar la novela Más y más lejos (Norma) y al final del semestre se editará The secret Scripture. Pero el rescate irlandés del año sin duda será Cuentos completos (Adriana Hidalgo) de John McGahern (1932-2006), considerado por parte de la crítica “el mejor escritor irlandés de cuentos desde James Joyce”. La escritora escocesa Muriel Spark será recuperada por la editorial La bestia equilátera. Lo primero que saldrá en marzo es Memento Mori, y en el transcurso del año se sumarán Muy lejos de Kensington y Vagando con intención.
Algo que contarte
El escritor sueco Stieg Larsson (Västerbotten, 1954-Estocolmo, 2004) ha vendido más de ocho millones de ejemplares con Los hombres que no amaban a las mujeres, primera entrega de su trilogía Millenium. En marzo aparecerá la segunda parte, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, y en noviembre la tercera, La reina en el palacio de las corrientes de aire (Destino). Ese mismo mes llegará Conquista de lo inútil, el diario de filmación de Fitzcarraldo (Entropía), de Werner Herzog, traducido por Ariel Magnus. En el segundo semestre del año habrá un nuevo libro de Milan Kundera, un conjunto de artículos del escritor checo sobre novelistas y pintores que editará Tusquets. El hijo del viento (Tusquets) es la nueva novela del escritor y dramaturgo sueco Henning Mankell. De qué hablo cuando hablo de correr (Tusquets) es el título provisorio del nuevo libro del japonés Haruki Murakami. Después de la repercusión que tuvo Gomorra (Debate), donde desmenuza los negocios de la Camorra, el periodista y escritor italiano Roberto Saviano regresará a las librerías con Lo contrario de la muerte. En El rosa Tiepolo (Anagrama), el italiano Roberto Calasso recapitula la cultura europea y nos muestra cómo la historia es una compleja red de momentos y lugares. Del notable narrador siciliano Leonardo Sciascia se publicará A cada cual lo suyo (Tusquets). De Gianni Va-ttimo, que participará en la Feria del libro, se editará Ecce comu. Cómo se llega a ser lo que era (Paidós).
Con tan sólo 27 años, el italiano Paolo Giordano se convirtió en uno de los fenómenos editoriales más relevantes de los últimos años con su primera novela La soledad de los números primos (Salamandra), que estará en las librerías del país a partir de mayo.
Algo que contarte (Anagrama), la nueva novela de Kureishi, probablemente sea su libro más ambicioso después de El álbum negro. Tostadas de jabón (La bestia equilátera) son once relatos escritos por Julian Maclaren-Ross (1912-1964), el héroe oculto de la literatura inglesa, admirado por Graham Greene, Anthony Powell y Evelyn Waugh. También aparecerán Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo, de Irvine Welsh; Las vidas privadas de Pippa Lee, de Rebe-cca Miller; y En el camino (El rollo mecanografiado original), de Jack Kerouac, publicados por Anagrama. Entre los debuts literarios suscita interés la llegada de La ternura de los lobos (Salamandra), de la británica Step Penney, novela en la que se narra la gesta de una madre por encontrar a su hijo perdido en las heladas llanuras de Canadá en el siglo XIX. En abril, continuando con la Biblioteca Henry James, se lanzará Las alas de la paloma, y en los próximos meses Lo que Maisie sabía y La princesa Casamassima (todos por El cuenco del Plata). En Los papeles de Stalin (Edhasa), el historiador británico Orlando Figes narra las vidas de la gente de a pie en la Rusia de Stalin. Del escritor griego Petro Markaris se publicará Defensa cerrada (Tusquets), segunda novela de la serie policíaca protagonizada por Kostas Jaritos. Para delirio de los fanáticos del escritor húngaro Sandor Márai, en abril estará en las librerías Los rebeldes (Salamandra), novela ambientada unos meses antes del desenlace de la Primera Guerra Mundial. El juego favorito (Edhasa) es la primera novela de Leonard Cohen, publicada en 1963, sobre un joven que descubre su identidad a través de la escritura.
Un surtido made in Argentina
A 25 años de la muerte de Julio Cortázar, en mayo se lanzará Papeles inesperados (Alfaguara), 450 páginas que incluirán once relatos inéditos, un capítulo excluido del Libro de Manuel; once nuevos episodios del poliédrico personaje que protagonizó Un tal Lucas, suerte de alter ego del escritor; tres historias de cronopios que quedaron sueltas, once textos sobre pintura, escultura y fotografía, y piezas fascinantes e inclasificables que se aproximan a los epigramas, entre otros. Con Lugar común la muerte y Las vidas del general, Alfaguara comenzó a publicar la obra completa de Tomás Eloy Martínez. Otro libro que se hizo rogar es el inédito Negar todo y otros cuentos (Ediciones de la Flor), de Roberto Fontanarrosa. Teatro reunido, de Manuel Puig, (Entropía), incluirá Un espía en mi corazón. Uno de los lanzamientos más importantes del año será Timote (Planeta), la nueva novela de José Pablo Feinmann sobre el secuestro y la muerte del general Pedro Eugenio Aramburu. En marzo saldrá Que tengas una vida interesante (Emecé), los cuentos completos para adultos de Ana María Shua. También en marzo se podrá disfrutar de Tener lo que se tiene (Adriana Hidalgo), la obra reunida de Diana Bellessi, unánimemente considerada una de las más prestigiosas poetas argentinas vivas. Ella ríe sin embargo (Bajo la luna), la obra completa de la poeta Perla Rotzait, incluirá los trece libros publicados más dos inéditos. Otro rescate prometedor es Aire tan dulce (Bajo la luna), de Elvira Orphée, novela publicada en 1967.
En marzo se publicará Realidad (Mondadori), nueva novela de Sergio Bizzio en la que un comando terrorista toma un canal de televisión mientras se está emitiendo el reality Gran Hermano. Del escritor chaqueño Carlos Busqued llegará la novela Bajo este sol tremendo (Anagrama), finalista del premio Herralde. En abril se lanzará Vigilia de armas (Sudamericana), de Horacio Verbitsky, tercer tomo de la Historia Política de la Iglesia Católica en Argentina, que cubre el período del Cordobazo al 23 de marzo de 1976. La muñeca rusa (Alfaguara), la nueva novela de Alicia Dujovne Ortiz, se publicará en marzo, y Lejos de donde (Tusquets) es el nuevo libro de Edgardo Cozarinsky. Damián Tabarovsky arremeterá con su última novela, Autobiografía Médica (Mondadori), en la que narra las peripecias de un joven ejecutivo que sufre un síndrome extraño: cada vez que está a punto de triunfar una nueva enfermedad se lo impide. En agosto llegará la nueva novela de Leonardo Oyola, Kryptonita (Mondadori); Federico Andahazi lanzará el segundo tomo de Pecar como Dios Manda (Planeta); Ariel Magnus publicará su nueva novela, Carta a mi vecina de arriba (Norma), Oliverio Coelho su libro de cuentos Hombres abandonados y Claudio Zeiger su nueva novela, Redacciones perdidas, que transcurre en la redacción de un diario en los años ’50. A fines del primer semestre aparecerá El campito (Mondadori) de Juan Diego Incardona, y Roberto Gárriz publicará Las tetas de Perón (Ediciones de la Flor). La Argentina en pedazos (Ediciones de la Flor) es la adaptación al comic de grandes obras de la literatura argentina, prologadas por Ricardo Piglia. Ignacio Molina publicará su nueva novela, Los modos de ganarse la vida (Entropía) y Cristian Alarcón regresará con una crónica sobre historias del narcotráfico en la Argentina (Norma).
Un autor hasta ahora inédito que dará que hablar con el inquietante libro de cuentos Porno (Eterna Cadencia) es el psicoanalista Marcos Bertorello. La cordobesa Eugenia Almeida publicará su primera novela, El colectivo (Edhasa), con la que obtuvo el Premio Internacional de Novela Dos Orillas en España. Otro debut literario esperado es el de la argentina residente en Alemania María Cecilia Barbe-tta con Los milagros (Edhasa), novela que evoca el cuento “Circe”, de Cortázar, y se articula combinando retazos de narración, ilustraciones, letras de canciones, clasificaciones textiles e informes botánicos. Se reeditará Luna caliente (Edhasa), una de las novelas más emblemáticas de Mempo Giardinelli; se rescatará otra obra del cordobés Juan Filloy, Aquende (El cuenco del Plata), a Manuel Mujica Lainez con sus Cuentos escogidos (Mondadori), la Obra poética completa (Adriana Hidalgo) de Amelia Biagioni; La huella del crimen (Adriana Hidalgo), de Raúl Waleis, considerada la primera novela policial, publicada en 1877 por la Imprenta y Librería de Mayo, y Las últimas crónicas en El Mundo (1937-1942), de Roberto Arlt, prologado por Ricardo Piglia (Fondo de Cultura Económica).
En Fantasmas. Imaginación y sociedad (Eterna Cadencia), Daniel Link recorre la literatura del siglo XX a la luz de una teoría de la imaginación; en El señor, el amante, el poeta. Notas sobre la perennidad de la metafísica (Eterna Cadencia), Dardo Scavino propone una relectura de la tradición metafísica. El tesoro de la lengua (Entropía), de Ariel Schettini, es otro de los libros de ensayo que se publicarán este año junto con Letras gauchas (Eterna Cadencia), de Julio Schvartzman, un libro sobre la gauchesca y algunos textos periodísticos del siglo XIX abordados desde una perspectiva foucaultiana. La diversidad y la proliferación de las novedades editoriales confirman que en tiempos de crisis los libros son un valor de refugio.
En épocas de vacas flacas, de desplomes de bolsas y recesión económica, el mundo editorial, que no es una isla en medio del océano de la crisis, por ahora intenta mantenerse a salvo. O a flote. Las editoriales se preparan para afrontar un año incierto con muchas y variadas novedades de Milan Kundera, Sándor Márai, Irene Nemirovsky, Philip Roth, Doris Lessing, Haruki Murakami, Hanif Kureishi, Orhan Pamuk, J. M. Coetzee, Jean-Marie Gustave Le Clézio, Toni Morrison, Joyce Carol Oates, Gianni Vattimo, Michel Onfray, Siri Hustvedt, Amélie Nothomb, Leonardo Sciascia, John McGahern, Patrick Modiano, Petros Markaris, Leonard Cohen, Irvine Welsh, Milena Agus, Roberto Saviano, Muriel Spark, Carlos Fuentes, Ariel Dorfman, Laura Restrepo, Mario Levrero, Armonía Sommers, Mario Bellatin, Fabio Morábito, Santiago Roncagliolo y José Watanabe, entre otros. En narrativa, ensayo, teatro y poesía argentina se publicará un inédito de Julio Cortázar, saldrán libros de Roberto Fontanarrosa, Ana María Shua, José Pablo Feinmann, Horacio Verbitsky, Tomás Eloy Martínez, Daniel Link, Diana Bellessi, Perla Rotzait, Edgardo Cozarinsky, Sergio Bizzio, Damián Tabarovsky, Juan Filloy, Amelia Biagioni, Manuel Puig, Federico Andahazi, Alicia Dujovne Ortiz, Ariel Magnus, Oliverio Coelho, Leonardo Oyola, Juan Terranova, Cristian Alarcón, Juan Diego Incardona y Claudio Zeiger, entre otros.
Efecto Obama
En junio se distribuirá Una bendición (Mondadori), la nueva novela de Toni Morrison. Otra alegría llegará con La hija del sepulturero (Alfaguara), de la gran narradora norteamericana Joyce Carol Oates, eterna candidata al Premio Nobel de Literatura. En Indignación (Mondadori), Philip Roth cuenta las vicisitudes de la educación de un joven con el trasfondo de la guerra de Corea. También este año habrá más Roth para empacharse, con otra novela, Nuestra pandilla. En marzo arribará a estos puertos la nueva novela de Siri Hustvedt, Elegía para un americano (Anagrama), en la que dos hermanos –él psicoanalista, ella escritora– intentan reconstruir la historia de su familia después de la muerte del padre. Es para celebrar la edición de los Cuentos reunidos de Sher- wood Anderson (1876-1941), gran narrador estadounidense y maestro de la técnica del relato corto, y la publicación de la primera novela de Nicole Krauss, Man walks into a room (Salamandra). Presencia (Tusquets), de Arthur Miller, es una selección de sus mejores relatos publicados en The New Yorker, Harper’s y Esquire.
Cadencias europeas y del más allá
Del reciente Premio Nobel de Literatura, el francés Jean-Marie Gustave Le Clézio, se publicará su última novela, La música del hambre (Adriana Hidalgo), traducida por la poeta Juana Bignozzi. En marzo se lanzarán otras novelas de Le Clézio: Desierto y Onitsa (Tusquets). Habrá también dos nuevas novelas de premios Nobel: Tierra de poniente, de Coetzee, y El museo de la inocencia, de Pamuk (ambas por Mondadori). Ya está circulando por las librerías Otros colores, de Pamuk, y Cuentos europeos (Lumen), de Lessing. Pronto se editará Diario (Anagrama), de Hélène Berr, escrito entre abril de 1942 y marzo de 1944, en el París de la ocupación nazi, prologado por Patrick Modiano (que publicará, también por Anagrama, Calle de las tiendas oscuras). Amélie Nothomb, una de las autoras francesas más populares y con mayor proyección internacional, publicará Ni Eva ni de Adán (Anagrama). Otro francés que aterrizará en las librerías argentinas es Mathias Enard con su novela Zona (Norma).
Una nueva joya de Irene Nemirovsky, Maestro de almas (Salamandra), publicada originalmente por entregas en el semanario Gringoire entre mayo y agosto de 1939, en víspera de la Segunda Guerra Mundial, llegará en abril. De Sebastian Barry, autor irlandés finalista dos veces del Man Brooker Prize for Fiction en 2005 y 2008, se acaba de publicar la novela Más y más lejos (Norma) y al final del semestre se editará The secret Scripture. Pero el rescate irlandés del año sin duda será Cuentos completos (Adriana Hidalgo) de John McGahern (1932-2006), considerado por parte de la crítica “el mejor escritor irlandés de cuentos desde James Joyce”. La escritora escocesa Muriel Spark será recuperada por la editorial La bestia equilátera. Lo primero que saldrá en marzo es Memento Mori, y en el transcurso del año se sumarán Muy lejos de Kensington y Vagando con intención.
Algo que contarte
El escritor sueco Stieg Larsson (Västerbotten, 1954-Estocolmo, 2004) ha vendido más de ocho millones de ejemplares con Los hombres que no amaban a las mujeres, primera entrega de su trilogía Millenium. En marzo aparecerá la segunda parte, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, y en noviembre la tercera, La reina en el palacio de las corrientes de aire (Destino). Ese mismo mes llegará Conquista de lo inútil, el diario de filmación de Fitzcarraldo (Entropía), de Werner Herzog, traducido por Ariel Magnus. En el segundo semestre del año habrá un nuevo libro de Milan Kundera, un conjunto de artículos del escritor checo sobre novelistas y pintores que editará Tusquets. El hijo del viento (Tusquets) es la nueva novela del escritor y dramaturgo sueco Henning Mankell. De qué hablo cuando hablo de correr (Tusquets) es el título provisorio del nuevo libro del japonés Haruki Murakami. Después de la repercusión que tuvo Gomorra (Debate), donde desmenuza los negocios de la Camorra, el periodista y escritor italiano Roberto Saviano regresará a las librerías con Lo contrario de la muerte. En El rosa Tiepolo (Anagrama), el italiano Roberto Calasso recapitula la cultura europea y nos muestra cómo la historia es una compleja red de momentos y lugares. Del notable narrador siciliano Leonardo Sciascia se publicará A cada cual lo suyo (Tusquets). De Gianni Va-ttimo, que participará en la Feria del libro, se editará Ecce comu. Cómo se llega a ser lo que era (Paidós).
Con tan sólo 27 años, el italiano Paolo Giordano se convirtió en uno de los fenómenos editoriales más relevantes de los últimos años con su primera novela La soledad de los números primos (Salamandra), que estará en las librerías del país a partir de mayo.
Algo que contarte (Anagrama), la nueva novela de Kureishi, probablemente sea su libro más ambicioso después de El álbum negro. Tostadas de jabón (La bestia equilátera) son once relatos escritos por Julian Maclaren-Ross (1912-1964), el héroe oculto de la literatura inglesa, admirado por Graham Greene, Anthony Powell y Evelyn Waugh. También aparecerán Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo, de Irvine Welsh; Las vidas privadas de Pippa Lee, de Rebe-cca Miller; y En el camino (El rollo mecanografiado original), de Jack Kerouac, publicados por Anagrama. Entre los debuts literarios suscita interés la llegada de La ternura de los lobos (Salamandra), de la británica Step Penney, novela en la que se narra la gesta de una madre por encontrar a su hijo perdido en las heladas llanuras de Canadá en el siglo XIX. En abril, continuando con la Biblioteca Henry James, se lanzará Las alas de la paloma, y en los próximos meses Lo que Maisie sabía y La princesa Casamassima (todos por El cuenco del Plata). En Los papeles de Stalin (Edhasa), el historiador británico Orlando Figes narra las vidas de la gente de a pie en la Rusia de Stalin. Del escritor griego Petro Markaris se publicará Defensa cerrada (Tusquets), segunda novela de la serie policíaca protagonizada por Kostas Jaritos. Para delirio de los fanáticos del escritor húngaro Sandor Márai, en abril estará en las librerías Los rebeldes (Salamandra), novela ambientada unos meses antes del desenlace de la Primera Guerra Mundial. El juego favorito (Edhasa) es la primera novela de Leonard Cohen, publicada en 1963, sobre un joven que descubre su identidad a través de la escritura.
Un surtido made in Argentina
A 25 años de la muerte de Julio Cortázar, en mayo se lanzará Papeles inesperados (Alfaguara), 450 páginas que incluirán once relatos inéditos, un capítulo excluido del Libro de Manuel; once nuevos episodios del poliédrico personaje que protagonizó Un tal Lucas, suerte de alter ego del escritor; tres historias de cronopios que quedaron sueltas, once textos sobre pintura, escultura y fotografía, y piezas fascinantes e inclasificables que se aproximan a los epigramas, entre otros. Con Lugar común la muerte y Las vidas del general, Alfaguara comenzó a publicar la obra completa de Tomás Eloy Martínez. Otro libro que se hizo rogar es el inédito Negar todo y otros cuentos (Ediciones de la Flor), de Roberto Fontanarrosa. Teatro reunido, de Manuel Puig, (Entropía), incluirá Un espía en mi corazón. Uno de los lanzamientos más importantes del año será Timote (Planeta), la nueva novela de José Pablo Feinmann sobre el secuestro y la muerte del general Pedro Eugenio Aramburu. En marzo saldrá Que tengas una vida interesante (Emecé), los cuentos completos para adultos de Ana María Shua. También en marzo se podrá disfrutar de Tener lo que se tiene (Adriana Hidalgo), la obra reunida de Diana Bellessi, unánimemente considerada una de las más prestigiosas poetas argentinas vivas. Ella ríe sin embargo (Bajo la luna), la obra completa de la poeta Perla Rotzait, incluirá los trece libros publicados más dos inéditos. Otro rescate prometedor es Aire tan dulce (Bajo la luna), de Elvira Orphée, novela publicada en 1967.
En marzo se publicará Realidad (Mondadori), nueva novela de Sergio Bizzio en la que un comando terrorista toma un canal de televisión mientras se está emitiendo el reality Gran Hermano. Del escritor chaqueño Carlos Busqued llegará la novela Bajo este sol tremendo (Anagrama), finalista del premio Herralde. En abril se lanzará Vigilia de armas (Sudamericana), de Horacio Verbitsky, tercer tomo de la Historia Política de la Iglesia Católica en Argentina, que cubre el período del Cordobazo al 23 de marzo de 1976. La muñeca rusa (Alfaguara), la nueva novela de Alicia Dujovne Ortiz, se publicará en marzo, y Lejos de donde (Tusquets) es el nuevo libro de Edgardo Cozarinsky. Damián Tabarovsky arremeterá con su última novela, Autobiografía Médica (Mondadori), en la que narra las peripecias de un joven ejecutivo que sufre un síndrome extraño: cada vez que está a punto de triunfar una nueva enfermedad se lo impide. En agosto llegará la nueva novela de Leonardo Oyola, Kryptonita (Mondadori); Federico Andahazi lanzará el segundo tomo de Pecar como Dios Manda (Planeta); Ariel Magnus publicará su nueva novela, Carta a mi vecina de arriba (Norma), Oliverio Coelho su libro de cuentos Hombres abandonados y Claudio Zeiger su nueva novela, Redacciones perdidas, que transcurre en la redacción de un diario en los años ’50. A fines del primer semestre aparecerá El campito (Mondadori) de Juan Diego Incardona, y Roberto Gárriz publicará Las tetas de Perón (Ediciones de la Flor). La Argentina en pedazos (Ediciones de la Flor) es la adaptación al comic de grandes obras de la literatura argentina, prologadas por Ricardo Piglia. Ignacio Molina publicará su nueva novela, Los modos de ganarse la vida (Entropía) y Cristian Alarcón regresará con una crónica sobre historias del narcotráfico en la Argentina (Norma).
Un autor hasta ahora inédito que dará que hablar con el inquietante libro de cuentos Porno (Eterna Cadencia) es el psicoanalista Marcos Bertorello. La cordobesa Eugenia Almeida publicará su primera novela, El colectivo (Edhasa), con la que obtuvo el Premio Internacional de Novela Dos Orillas en España. Otro debut literario esperado es el de la argentina residente en Alemania María Cecilia Barbe-tta con Los milagros (Edhasa), novela que evoca el cuento “Circe”, de Cortázar, y se articula combinando retazos de narración, ilustraciones, letras de canciones, clasificaciones textiles e informes botánicos. Se reeditará Luna caliente (Edhasa), una de las novelas más emblemáticas de Mempo Giardinelli; se rescatará otra obra del cordobés Juan Filloy, Aquende (El cuenco del Plata), a Manuel Mujica Lainez con sus Cuentos escogidos (Mondadori), la Obra poética completa (Adriana Hidalgo) de Amelia Biagioni; La huella del crimen (Adriana Hidalgo), de Raúl Waleis, considerada la primera novela policial, publicada en 1877 por la Imprenta y Librería de Mayo, y Las últimas crónicas en El Mundo (1937-1942), de Roberto Arlt, prologado por Ricardo Piglia (Fondo de Cultura Económica).
En Fantasmas. Imaginación y sociedad (Eterna Cadencia), Daniel Link recorre la literatura del siglo XX a la luz de una teoría de la imaginación; en El señor, el amante, el poeta. Notas sobre la perennidad de la metafísica (Eterna Cadencia), Dardo Scavino propone una relectura de la tradición metafísica. El tesoro de la lengua (Entropía), de Ariel Schettini, es otro de los libros de ensayo que se publicarán este año junto con Letras gauchas (Eterna Cadencia), de Julio Schvartzman, un libro sobre la gauchesca y algunos textos periodísticos del siglo XIX abordados desde una perspectiva foucaultiana. La diversidad y la proliferación de las novedades editoriales confirman que en tiempos de crisis los libros son un valor de refugio.
Página 12. Cultura
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



















